"Tú me dejaste.
Tú rompiste mi corazón.
No voy a pedirte perdón por la forma en
que decidí reparar lo que tú rompiste."
Donde Margaret Leda Dixon sólo quiere morir, pero Paul Lahote y Jasper Hale s...
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Margaret sabía que no debía decirlo, que no era correcto, pero, si debía ser sincera, tenía que admitir que las drogas eran bastante divertidas. Llevaban tu mente a lugares inimaginables y te hacían alcanzar lo más profundo de tu inconsciente, revelando cosas sobre uno mismo, o también te hacían dejar de existir por unos segundos y ese era el momento favorito de Margaret. Te hacían bailar y sentir cosas que nunca habías sentido, como, por ejemplo, que tu piel se hunda bajo el tacto, como si fuera una goma. Ella amaba todas las cosas que las drogas le hacían sentir y, también, las cosas que no le hacían sentir. Las primeras veces en las cuales hizo sintéticas fue increíble, a pesar de que quizás no fue en la mejor circunstancia; había sucedido en sexto año de la primaria, cuando tuvo un ataque de pánico en medio de la clase porque, de repente, el mundo comenzó a rotar más lento dentro de su cabeza y las voces se silenciaron, dejándola sola, hiperventilando, en el medio del aula. Cuando la llevaron al hospital, le recetaron Valium líquido, el cual es un fármaco que actúa deprimiendo la conducción nerviosa en ciertas neuronas del sistema nervioso central, donde produce desde una leve sedación hasta hipnosis o coma. Así que, básicamente, ella estaba muy drogada y tranquila, y fue entonces cuando pensó: "Esto es. Esto es lo que estaba buscando: mi salida".
Por lo tanto, Margaret se negaba a decir que las drogas no tenían su lado divertido, pero incluso ella debía admitir que dejaban de ser divertidas cuando despertaba en una cama desconocida, en un cuarto desconocido y con sus dedos de la mano derecha entrelazados con los de Paul Lahote, quien dormía con la cabeza apoyada sobre sus piernas. Sabía lo que había sucedido, a pesar de que no lo recordaba, pero al ver el rostro cansado de Paul moverse cuando ella comenzó a acariciar el cabello le dió una idea de lo que había hecho.