—Sabe Lord Sakumo, me acuerdo de usted. —Naruto sintió la tensión en el
aire mientras los dos viejos caballeros esperaban oír lo que tenía que decir.
Una de las cosas más difíciles de acostumbrarse a ser rey era que la gente pendía de todas
tus palabras, pero sabía que esos hombres escuchaban tan intensamente porque
temían que no aceptara al anterior Señor de Takamuri. Estaba feliz de por lo menos
poder tranquilizarlos.
—Mi padre tenía una gran opinión de usted.
Sakumo pareció relajarse un poco.
—Su padre fue un gran hombre, señor. Lamenté escuchar de su muerte. Por favor acepte mis condolencias, a pesar de ser
tardías.
—Gracias, Lord Sakumo, —Naruto miró a los dos viejos caballeros. —De
hecho, quería hablar con ustedes dos por varias razones. Primero, los felicitaré por su matrimonio. Si tu Hanna se parece a su hija, no encontrarán una mejor mujer,
para tus dragones, para la guarida o para estas tierra. Protéjanla y atesórenla.
Tanto Hirusen como Sakumo asintieron, pero fue Hirusen el que habló. —Las
mujeres de la casa de Byakugan son especiales. Todas tienen un corazón de oro y el coraje de un dragón—.
A Naruto le gustó el cumplido en los ojos de Hirusen mientras observa a las tres mujeres a través de la habitación.
Hanna tenía sus brazos alrededor de sus dos hijas, con sus cabezas juntas como si compartieran las historias de sus vidas.
—Otra de las cosas de las que quería hablarles tiene que ver con el gobierno de la Guarida. Hirusen, sé que has estado dirigiendola exitosamente junto con Lady Guren hasta ahora, pero ya que Guren y Dan se han unido mediante tu unión
con Hanna y se han aliado con Sakumo, estoy oficialmente reconociéndolos como
los ancianos de la Guarida Fronteriza. Según entiendo las mujeres y los niños que
viven en el clan ya buscan a Hanna como guía. Esto solo hará oficial su papel.
¿Creen que le molestará?
Hirusen sonrió. —Al principio podría oponerse al título, pero se ha acostumbrado a que nuestra gente la busque como guía. Le viene de manera natural cuando se trata de organizar a la gente del Guarida lo único con lo que
tiene dificultades es admitir que es de la realeza. Ella se ve como una sanadora ordinaria.
—Con poderes más que extraordinarios, —rió Naruto.
—Lo entiendo. Sé que Hina se siente de la misma manera. Ser criada en una vida simple ha llevado a nuestras damas a infravalorar su valor real, pero es nuestro trabajo mimarlas. —
Los mayores se rieron de su franqueza.
Naruto se puso serio una vez más. —Tengo otro tema que me gustaría discutir. Ambos han hecho un trabajo increíble en la frontera, pero podría utilizar
su experiencia aquí. Me gustaría que vinieran al palacio cada pocas semanas por lo
menos. Lord Hirusen, —se volvió hacia el viejo caballero—, eras el Consejero de mi padre. Espero que asumas ese papel para mí también —Se volvió hacia el otro caballero—. Y tú, Sir Sakumo. Tus consejos también serían muy apreciados.
Tus conocimientos íntimo sobre el rey Madara y en lo que se ha convertido podría ayudarnos a defender nuestra tierra y nuestra gente, si estás dispuesto a actuar como consejero. Me gustaría que Dan y Guren se sentasen en el Consejo de los Dragones también. Necesito a los cuatro, a su sabiduría y sus conocimientos, para poder gobernar con sapiencia—
—Para mí, sería un honor, señor. Sakumo hizo una educada reverencia, sus ojos negros brillaron.
Hirusen fue algo más reservado. —Serví a tu padre, Naruto. Voy a servirte con la misma lealtad. Me siento honrado de que me lo pidas—
Naruto se acercó a estrechar la mano de Hirusen, tirando de él a un abrazo rápido y varonil. Este hombre era como un padre para él, ahora su propio padre
que se había ido.
