El dragón negro estaba herido, herido en más de un lugar, pero su gruesa piel de ébano lo ocultaba.
¡Dulce Madre!
Nunca había tenido tanto dolor.
Y las flechas seguían llegando.
¿Quién sabía que los bárbaros del norte habían montado una ballesta gigante
que podía moverse tan ágilmente?
Se había llevado un disparo en el ala y otro cerca de la ingle, casi antes de que se diese cuenta.
Los bastardos tenían más de una de esas máquinas infernales y todas estaban disparándole.
Otra flecha lo golpeó en la cara, con su punta de hoja de diamante, era lo
único lo suficientemente afilado para cortar a través de las escamas. Sabía que
estaba perdido, pero mataría por lo menos a algunos de esos hijos de puta antes de caer.
Giró la cabeza lanzando un rugido de fuego, el dragón negro destruyó una de las máquinas, friendo a los descuidados soldados que la controlaban.
No tenía mucha fuerza para regresar. Dos de las máquinas estaban aun en pie, pero tendría suerte si atacaba una vez más. Se volvió y se abalanzó, y de
repente, hubo un enorme dragón de plata bajo de él, ejecutando el ataque por él.
Gritó con furia y lanzó un chorro de fuego, friendo a los soldados y a la máquina mortal.
El plateado realizó su trabajo sobre la tercera ballesta, esquivando las hojas
con una gran habilidad de vuelo, que lo hubieran impresionado si no estuviese tan
gravemente herido, sus alas se extendían dolorosamente sólo por mantenerlo en lo alto.
Los ojos del negro se abrieron como platos cuando se dio cuenta de que el
brillante plateado era un dragón guerrero.
Había un caballero en la espalda del extraño dragón, envuelto en pieles para protegerse del frío viento del norte.
El plateado tomó posición bajo él nuevamente, y abrió un camino hacia lo que esperaba que fuera la seguridad.
Estaba demasiado cansado para pensar, muy cerca
de la inconsciencia. Era bueno, pensó, que otro de su especie estuviera allí para
presenciar su muerte. Tanto el dragón de plata como el caballero estarían allí con
él, en el final.
No falta mucho ahora, hermano.
Mitsuki habló en la mente del dragón negro que
montaba las corrientes de aire directamente sobre de él.
Mi guía se moverá hacia delante.
Quiero que descanses en la espalda tanto como puedas. Alinea tus alas con las mías.
El negro hizo lo que le pidió, pero estaba demasiado lejos de poder responder con palabras. Afortunadamente, se encontraban cerca de su guarida. Era un poco más allá de la cima de la próxima montaña.
Mitsuki sostendría al dragón negro más pequeño, y tal vez él y Hinata tendrían una oportunidad de salvarle la vida.
Mitsuki estaba solo, era el único dragón a lo largo de kilómetros y kilómetros a la redonda.
Sería bueno tener un compañero de su propia especie.
El negro se extendió a lo largo de las alas de Mitsuki y su peso se apoyó en su lomo. Era una sensación extraña, pero era grande, fuerte y capaz de compensar el peso añadido. En unos momentos, se elevó hacia la cima de la montaña escarpada
que los mantendría a salvo de Danzo y de su demoníaco ejército.
Mitsuki hizo el descenso a la cueva de los acantilados lo más cuidadosamente posible. No era un lugar ideal para una guarida, pero era lo mejor que habían sido capaces de encontrar en todas las montañas en las que habían buscado.
Tendrían que mudarse de nuevo pronto, ahora que Danzo sabía dónde estaban, pero por ahora, era su hogar.
