—Papá... no me dejes...
Las lágrimas no se detenían, y ya pasaron varios minutos desde que dejó de escuchar las voces de sus padres.
—Papá —se quedó sin aliento cuando una raíz apareció del interior del auto y reptó por el brazo pálido del hombre hasta envolverlo por completo.
La raíz no pareció satisfecha con el brazo y quiso llegar a ella, quien de inmediato se apartó, pero olvidó que la sujetaban por debajo y terminó por caer de trasero.
Quedó totalmente recostada, con los brazos alzados y la mirada fija en el cielo brillante y falso. Tranquilizó su respiración mientras que continuaba llorando, dándoles acceso a las raíces para terminar su trabajo.
—¡Hermana!
Dio un parpadeo, como si recién abriera los ojos y se diera cuenta de la realidad en la que se encontraba. La imagen de su hermano apareció en su mente como un recordatorio de que aún le quedaba algo en la vida por lo que luchar.
Partió con facilidad cada raíz pegada a ella, pero estaban por llegar a su cuello y tardó en quitárselas todas. Se arrastró apenas consiguió la oportunidad y se irguió.
Detuvo su avance a mitad del camino, se giró a ver una última vez a sus padres, y respiró hondo con la promesa sin palabras que hizo en su mente. Que cuidaría de su hermano.
Trepó el tronco y desde arriba saltó hasta el otro lado. No encontró a nadie. Entonces algo captó su atención, en el suelo. Raíces, cientos de ellas, movilizándose de un lado a otro.
—Dani.
Fue en su búsqueda.
No volvió a escuchar otra voz de auxilio del pequeño y dejó de correr al no saber por donde ir. Miró todas las opciones que tenía, pero era un bosque, y estas eran demasiadas.
No sabía qué hacer, cualquier camino que tomara podría llevarlo a él o enviarla todavía más lejos de lo que estaba. Quiso tomar una decisión, apoyarse en el amor que sentía por su hermano para ver si este le daba la respuesta correcta. Pero no se atrevió a avanzar. El miedo pudo con ella y se paralizó.
Fue una sola vez la que perdió a su hermano, él habrá tenido cuatro años en ese entonces. Comía de su helado con demasiada seriedad y concentración, no quería que ni una gota se le escapara. Ella pensó en aprovechar la oportunidad e ir por su bicicleta ya que la había aparcado cerca de la heladería. Al regresar él ya no estaba. Preguntó a los clientes y a los que atienden pero nadie vio nada. En ese entonces tampoco supo qué hacer. No sabía si ir a buscarlo o esperar a que volviera. Así que se paralizó. Se quedó parada en la entrada de la heladería, observando a los comensales comiendo de sus helados y a los transeúntes que iban de un lado a otro. Y cuando las lágrimas comenzaron a caer, sintió que alguien le cogía la mano. Bajó la vista y su hermano estaba ahí, ofreciéndole su helado.
—El auto —susurró.
Recordó que la camioneta tampoco estaba, eso significaba que escaparon en auto. Podrían estar más lejos de lo que supuso. Podrían estar en la ciudad.
Giró sobre sus pies, con los ojos enfocados en el suelo, y se quedó inmóvil al distinguir marcas de llantas. ¿A dónde se dirigían? ¿A dónde tenía planeado llevar Geoff a su hermano? Le pidió que lo mantuviera a salvo, así que pudo llevarlo a un lugar seguro, ¿pero dónde?
Y entonces lo supo.
El santuario.
Se olvidó del pie que cojeaba y corrió como si se encontrara en un perfecto estado. En el camino divisó varias raíces desplazándose, pero pudo evitarlas con cautela y siendo lo suficiente rápida para no ser vista. Las ramas de los arbithias también quisieron frenarla pero ella supo cómo esquivarlas y no ser atrapada por ninguna. Ser buena en gimnasia tenía sus beneficios.
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Greener #1 (borrador)
ФэнтезиHe vivido en un mundo limitado de plantas, repleto de una flora artificial creada por Laboratorios Thia. No recuerdo la última vez que vi un árbol real, no recuerdo si alguna vez llegué a ver uno. Desde que tuve un repentino accidente comencé a apre...
