Capítulo#67 Vampiro cobarde.

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Adrián observó con detenimiento la recuperación del vampiro. Era increíble la capacidad de regeneración que tenía su especie. La sangre era mágica para ellos, hacía milagro. El cadáver horrible había vuelto a la vida, la oruga fea se transformó en una hermosa mariposa. Era un joven muy atractivo. Resaltaban sus ojos morados en su tez blanca y cabello castaño claro.

—¿En que año estamos?—fue su primera pregunta. Era lo único que le importaba, saber cuanto tiempo estuvo encerrado. Nunca perdonaría que lo hayan tratado de esa forma.

¡Él era un vampiro!

¡Uno original!

Y no obstante lo trataron de esa forma tan humillante.

Le celebraron un juicio y lo condenaron.

¡Los odiaba a todos!

Odiaba a los vampiros, a los lobos y hasta a los humanos...

¡¡¡Nadie se salvaba!!!

Todas y cada una de las especies que habitaban sobre la tierra se lo pagarían caro. Por su culpa estaba en esa situación.

La muerte de sus padres, el castigo, el rechazo de los suyos, su soledad, su miseria, la horrible desesperación e impotencia que sintió mientras se secaba en el sarcófago.

¡Todos eran culpables!

¡Todos tenían que pagar por igual¡

Sentenció.

Y recibirían su merecido a su debido tiempo, él se encargaría personalmente de dárselo. Se declaraba formalmente enemigo de los hombres lobos, los humanos y hasta  de los de su propia especie.

Nada le importaba, lo único que le daba deseos de vivir era ese sentimiento abrasador de VENGANZA.

Maikel estaba solo y cegado por el odio. No tenía nada que le importara y cuando alguien está así se vuelve un auténtico peligroso en potencia.

―En el año 2019―le contestó Adrián.  

El vampiro centró su mirada en él, lo analizó y se dio cuenta por su vestimenta, por su altivez, por su porte de grandeza innato y por el parecido innegable a la reina Isabel a su lado, que era el nuevo príncipe. Que en el tiempo que estuvo encerrado, inconsciente, como muerto, había tenido un hijo. Lo odio más que a nadie con solo mirarlo porque sintió envidia. Adrián era todo lo que él jamás sería. Sacó cuenta mentalmente de los años que llevaba encerrado:

«285»

Cada año se lo pagarían con sangre y no precisamente de humano, tampoco para beber...  

Después del proceso de liberación del vampiro, Adrián sintió ganas de visitar a su humana. Sin pensarlo mucho se dirigió a a su palacio de perla. Ella estaba allí, así le dijo Frank y lo acompañó en el recorrido hasta el aposento donde ella se encontraba. Florecita lo recibió mejor de lo que imaginó. Era una delicia cada segundo que pasaba junto a Melinda. Su sangre era exquisita, antes, durante o después de hacerle el amor, terminaba clavándole sus colmillos en su delicado cuello. No era algo que lo enorgulleciera, pero no podía evitarlo, procuraba no lastimarla mucho, tal vez hubiera aprendido a controlarse si no la sintiera excitarse aún más con su mordida. Esa humana era extraña, el dolor la ponía cachonda.

Bueno, no es que el se quejara. Su forma de ser le gustaba, más que gustarle lo seducía, ¡era pura dinamita!, tenía la lujuria tatuada en la frente; pero también era inocente y pura. Esa mezcla lo fascinaba.  

Tú Loba y yo VampiroHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora