Capítulo 9: El delirio de Garry.

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Sin importar hacia donde fueran, hacia donde caminaran, o hacia donde corrieran, los pasillos eran exactamente iguales, y siempre pasaban alrededor de un cuadro en el que aparecía pintada una chica durmiendo, con el cuadro titulado como "La bella durmiente"

Sin pensar más que lo que debían hacer, se dedicaron a buscar cualquier cosa que los ayudara a escapar.

Pero, Tamara, ya harta de la situación, tomó una silla, la cargó sobre sus hombros, y gritó:

—¡FUERA DE LOS LÍMITES!

La pared se rompió como papel, y la chica cayó al otro lado, pero Garry no sabía si reía o lloraba.

La ayudó a levantarse, y antes de que el chico pudiera decir nada, ella colocó un dedo en sus labios, y dijo:

—Sí, sí. Imprudente, lo sé. Pero funcionó, y ahora creo que debes ver eso.

Garry se giró lentamente, hasta que quedó viendo una gran cama blanca y esponjosa, mal hecha, pero se veía cómoda.

Sus ojos se fueron hasta los de una niña que caminaba alegremente, dando saltitos hacia la cama.

Ambos se apresuraron a sellar el desastre que habían hecho con una manta cercana, pues habían miles de ellas. Así, nadie se daría cuenta del agujero en la pared, que realmente era un cuadro.

—¡Soy tan feliz! —canturreó la niña —¡Este es el momento más feliz de mi vida! ¿No crees tu, Ib?

Los ojos de ambos se abrieron por inercia de sus palabras. Sus miradas se encontraron entonces sobre la chica de cabellos castaños, quien caminaba normalmente unos pasos atrás de la niña, con una pequeña sonrisa.

—¡Seremos mejores amigas para siempre!

—Sí.

El chico ya no lo soportó más. No sabía qué le había hecho a la chica, pero le disgustaba tanto que salió de su escondite, y gritó su nombre.

Los ojos azulados de la niña se fijaron en los de él molesta, mientras que los ojos rojos de la chica se posaron en él, con lastima, con tristeza.

El dolor que emanaba de su corazón la estaba consumiendo.

Sus ojos se encontraron, sin que a Garry le importara que miles de objetos y muñecas de la Galería se estuvieran acercando a él.

Una lágrima se derramó por la mejilla de la chica, y luego, una se deslizó por la del chico.

—¡Vamonos, Garry!

Una fuerte ventisca apareció de repente, haciendo que se le hiciera difícil acercarse al chico.

—¡No, no me iré sin Ib!

—¡Ya lo sé! —exclamó queriendo llorar —. ¡¿Crees poder salvarla así, sin nada?! ¡No eres un Príncipe azul que puede llegar y derrotar a un Dragón, Garry! ¡Eres sólo un hombre, un humano! —El azulado la miró con tristeza. —Volveremos por ella, lo prometo.

Ambos desaparecieron pasando el agujero, y lo taparon con el papel tapiz y una cinta adechiba que la chica había tomado de aquel lugar.

Se tiraron al suelo, respirando agitadamente.

El chico no lo soportó más, y se echó hacia atrás para llorar. Una lágrima tras otra, estaba tan cansado, tan preocupado. Por primera vez podía sentir lo que era el miedo real en carne propia, y no le gustaba nada.

Abrazó sus piernas, pero luego fueron reeplazadas por aquella pequeña de cabellos negros y lisos.

Ella, estaba peor que él, pues las personas que ella por primera vez decidió amar y aceptar en su vida, estaban sufriendo.

Ib 2:El regreso de la Galería [TERMINADA]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora