Nos vemos por primera vez.

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Despierto antes de terminar el viaje, mi abuela está alerta, me siento para mirar por la ventana. Desde que salimos de Anserma, han pasado cerca de 3 horas, ya el sol asoma, algo tímido la verdad, hace un poco de calor, pero a cada lado de la carretera hay arboles y todo es llano.

Suena música tropical, no muy duro, pero se escucha el son de Chichi Peralta: "Que tremenda es mi ciguapita".

La carretera es larga, por más que intento ver hacia dónde vamos solo veo arbustos. Pasan unos 20 minutos y veo unas casetas, hay gente en esa zona. Mi abuela ve mi expresión y me dice: Estamos en Cerritos, ya vamos a llegar a Pereira. Te va a gustar, te lo aseguro.

Aún no entiendo muy bien porque vamos hacía Pereira porque nuestro destino era Riosucio.

Miro por la ventana y hay piñas al borde del camino. Quienes están parados allí o venden piñas o solamente están esperando algún bus en dirección contraria de donde vengo o hacia un camino cruzando la calle de donde venimos. Mi abuela me indica que hacia allá queda Cartago y que algún día iremos porque hay un parque que es lleno de Iguanas. Sonrío por la ilusión de lo que me acaba de decir mi abuela.

Todo lo que veo es nuevo, es totalmente plano y ya el sol se ha puesto, lo que me permite ver el paisaje. Al fondo se ven algunas montañas, cerca a la carretera hay cercas hechas de arbustos y letreros que indican el nombre de la parcela.

Cómo es temprano no hay muchos carros en la carretera, por eso llegamos pronto a lo que creo que es Pereira y emocionada le pregunto a mi abuela, porque veo una plaza gigante con una iglesia al lado, que si ya hemos llegado, ella sonríe y me indica que aún falta poco, que estamos en Cuba. Es en una carretera importante, lo creo porque es de tres carriles y lo más grande que había visto en Anserma era la calle de la plaza, que era pavimentada y tenía partes que podía transitar hasta tres autos al paralelo.

Pasamos por una parte que parece una zona verde larga y extensa, que está cerrada por una malla, seguido hay un edificación muy grande de color azul y que en el letrero tiene una casita de color amarillo, rojo y blanco, pero no entiendo muy bien que dice en su nombre.

Mi abuela me dice que me organice que ya casi nos debíamos bajar.

Pasamos un puente peatonal y en seguida nos encontramos como con un garaje. Allí le dice al conductor que nos deje por favor, Él le indica que pasando le deja porque ahí no puede parar. Cuando por fin lo hace, nos bajamos. Afuera está un poco frío y no hay mucha gente, cruzamos la calle en dirección a un caserío, subimos por una cuesta y allí recién llegamos a la esquina, las casas son muy bonitas, una junto a la otra, son muy similares a simple vista, de color amarillo una pared y blanca la otra, además de ser todas de dos pisos. Pasamos tres casas y ella se dirige hacia la puerta de una y timbra.

Se demoran en abrirnos, yo sólo me dedico a mirar hacia a cada lado, hay prado en cada casa y hay un murito en el borde de los jardines donde se pueden sentar las personas. Cuando por fin nos abren, es un hombre de apariencia joven pero nunca lo había visto, yo me limito a observar, mientras mi abuela lo abraza y le dice aquí empezamos de nuevo.

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