15. Una broma y la playa.

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{I'm dangerous, I'm warning you. But you're not afraid of me. And I can't convince you. You don't know me. And the longer you stay, the ice is melting. And the pain feels okay, it feels okay.}

(You don't know me — Elizabeth Gillies.)


Me desperté al escuchar a alguien quejándose cerca de mi habitación. Era Drake, desde su habitación. Somnolienta, me levanté de la cama tras solo haber dormido unas cinco horas y me encaminé a la habitación de mi compañero de piso pensando que quizás le había pasado algo.

—¡Melody! ¡¿Qué has hecho?!

No entendí por qué estaba gritando mi nombre así pero me asomé a la habitación para ver qué estaba pasando de todas formas. Cuando lo hice lo ví frente al espejo parado examinándose de arriba a abajo. Llevaba una camiseta agujereada y unos pantalones con los camales cortos por haber sido cosidos para que pareciera que la prenda de ropa le venía pequeña. Y todo había sido obra mía. Aunque, por la forma en la que había gritado mi nombre, supuse que ya lo había adivinado.

—¿No te ha gustado? Te sienta bien —bromeé.

—Pues claro que no, ¿has hecho lo mismo con toda mi ropa? ¿Qué me voy a poner ahora?

—Ese es tu problema, no el mío, playboy.

—¡Pensaba que ya éramos amigos!

—No, yo no he dicho eso. Tenemos una tregua, no una amistad.

—Es lo mismo.

—No lo es.

No quise discutir más con él así que ahí corté la conversación, le deseé suerte buscando algo decente que ponerse y bajé las escaleras bostezando. Mi abuela ya estaba en el salón con la bolsa de la playa llena de toallas, protector solar y otras cosas que no podía ver porque si metías algo más en esa bolsa, reventaba. La saludé con un beso en la mejilla que me devolvió y me fui a la cocina para tomarme un café y comerme una magdalena como desayuno.

No era solo que le había roto la ropa. Eso solo lo había hecho con la mitad. La otra mitad la había encogido en la lavadora y se la había teñido de varios colores así que no le iba a quedar más remedio que renovarse todo el armario. Y no le iba a dar tiempo a hacerlo antes de irnos a la playa hoy, así que me iba a reír cuando lo viera bajar por las escaleras.

Al final, era algo que sabía que le iba a molestar. Era consciente de que ya no se iba a ir de casa a esas alturas, pero al menos iba a poder divertirme un poco a su costa. Me llevé una decepción cuando lo vi bajar las escaleras llevando un pantalón vaquero roto que le quedaba bastante bien y una camiseta también agujereada que parecía que estaba así diseñada desde el principio.

Vamos, que me había salido mal la jugada. Porque no le quedaba nada mal la ropa que llevaba puesta. Por el roto superior del pantalón podía ver que llevaba un bañador bajo este. No creía que fuera a bañarse pues hacía frío para ello, pero supuse que lo llevaba por si acaso y para que no se le viera la ropa interior con todos los agujeros que le había hecho.

—Pareces sorprendida.

—No sorprendida, estoy indignada.

—¿Por qué la broma no ha tenido el efecto que tenías o por qué la ropa me queda bien?

—Por las dos.

Drake se rió por mi respuesta negando con la cabeza. Yo me fui a darme una ducha, a ventilar mi habitación y a ponerme un bikini bajo la ropa después de vestirme. Dio la casualidad de que aquel día hizo sol y calor por la mañana, aunque sabíamos que iba a durar poco. Así que decidí aprovechar los pocos rayos de sol que teníamos. Nos pudimos quedar en bikini y bañador sin problema. Mi abuela corrió a coger sitio en primera fila haciendo que Drake sonriera divertido.

Limerencia. [AI. # 1]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora