Introducción.

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{I woke up in the morning from the wrong side of my bed. And I wish that I had stayed asleep and I wish that I was dead but I try my best to suffocate the pain that I'm feeling in my chest. I'm depressed and stressed out. I need some rest}

(Fade away —Xam.)



Mi vida no era perfecta, ni mucho menos.

Pero no me quejaba mucho, quitando alguna cosa que podría ser mejor, yo era feliz. Tenía a mi hermano mayor, tenía a mis amigos, tenía salud, tenía apoyo, tenía sueños y hobbies.

Pero ese día, el peor día de mi vida, lo cambió todo.

Me cambió a mí.

Siempre me había quejado del hecho de que era una de las más pequeñas de la clase porque mi cumpleaños era en septiembre mientras que el de todo mi grupo de amigos era a principios de año. Así que mientras yo aún seguía en mis dieciséis años, mis mejores amigos ya tenían diecisiete, y era injusto. Todos los años igual. Pero la mañana de ese ocho de septiembre nada más encender el móvil sus mensajes de felicitación fueron los primeros en llegar al grupo de mensajes en el que estábamos todos juntos.

Mi hermano esa mañana me despertó con mi tarta favorita que había comprado en una cafetería a la que solíamos ir en varias ocasiones durante la semana a merendar o tomar algo y desconectar. Jake tenía veintiún años, cuatro más que yo, y teníamos una relación muy cercana desde que yo era una niña.

Mis padres nunca se habían ocupado mucho de nosotros desde que yo nací. Tenían trabajos importantes que los mantenían ocupados a diario y que les obligaban a viajar a menudo, así que a mí me estuvo criando mi hermano desde que yo tenía uso de razón. Mi padre era un reconocido piloto de avión privado y mi madre era una contable que trabajaba para las empresas más ricas y prestigiosas de América. Por ello, de forma constante la prensa nos perseguía tanto a mis padres como a mí y a mi hermano. Pero mi hermano siempre me protegió como pudo de la prensa, no quiso que siendo pequeña mi cara apareciera en ningún lado.

El día de mi decimoséptimo cumpleaños me vestí con unos jeans largos, una sudadera azul y unas simples zapatillas y me fui a clase. Me felicitaron casi todos mis compañeros, excepto Abby Gibson, que se dedicó a poner muecas por no ser el centro de atención y a venir a decirme personalmente que era una zorra y que esperaba que ese fuera mi último cumpleaños; a lo que yo solo le saqué el dedo de en medio con una sonrisa haciendo que mis amigos se rieran.

Luego volví a casa porque mi hermano me había dicho que me tenía una sorpresa, supuse que me habría comprado algún regalo, aunque no tenía por qué. Pero él siempre fue muy cabezota cuando se le metía algo en la cabeza. Era otoño y hacía frío, las hojas caídas de los árboles se interponían en mi camino a medida que avanzaba el recorrido hacia mi casa, pero no me importaba. Me gustaba mucho el otoño.

Además, a veces en el pueblo donde vivía nevaba en otoño y a mí me encantaba la nieve.

Vivía en un pueblo cerca de la ciudad que tenía tiendas, cafeterías y de todo. Se ubicaba a tan solo unos kilómetros del instituto al que iba —que estaba en la ciudad—, y solía ir en moto o coger el autobús dependiendo un poco del día y de la pereza que tuviera de conducir. Ese día fui y volví en bus, lo recuerdo bien.

Y al llegar a mi casa y abrir la puerta, mi hermano me esperaba con una amplia sonrisa. Su pelo castaño revuelto y sus ojos verdes brillando con ilusión y ternura mientras sostenía una caja entre sus manos. A pesar de que le regañé por haberme comprado un regalo cuando le dije expresamente que no era necesario, se lo agradecí y me dispuse a abrirlo enseguida. Era cierto que vivíamos en una gran casa a las afueras, que mis padres tenían mucho mucho dinero, pero que mi hermano se gastara cosas en mí siempre me hacía sentir mal. Porque para mí, ya me lo había dado todo siendo un buen hermano que me escuchaba, me apoyaba, me cuidaba y me quería más que nadie.

Limerencia. [AI. # 1]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora