*Oscuridad*

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Una nueva semana daba comienzo con el canto de las aves, el resplandor del sol en mi ventana y ¿Qué hora es?. Salí de la cama de un brinco, me coloqué una sudadera sobre el top y unos leggins negros, acomodé mi cabello en una coleta y salí corriendo con la mochila sobre el hombro.


El profesor de historia ya había iniciado su clase, el reloj marcaba las 8:16 am y haciendo el menor ruido posible logré entrar al auditorio sin ser vista.

— ¿Llegar tarde sin tener consecuencias es una de tus habilidades ocultas? — dijo alguien a mi oído y mi cabeza giró repentinamente. Me miraba con diversión desde el asiento atrás de mi.

— Me quedé dormida, anoche casi no pude dormir — dije bajito y sin despegar la mirada del pizarrón.

Colocó su codo sobre mi respaldo y su mentón en mi hombro, podía sentir su respiración en mi cuello, lo que ocasionaba que debajo de la sudadera mis vellos se erizaran.


— Bueno, debo irme — dijo tomando su cuaderno y su mochila de la butaca.

— OK — le respondí desinteresadamente.

— Voy a ver a tu amiga — no pude evitar sentir incomodidad al escuchar mencionar a Sam.

— Vale, me la saludas — tome mi mochila y salí lo más rápido que pude de ahí con ella a mis espaldas.

— ¿Estas molesta?

— ¿Porqué lo estaría?

— Porque quizá te gusta tu amiga… o te gusto yo — esto último me hizo detener mi andar de pronto.

— ¿Qué acabas de decir? Pensé que ayer había quedado claro que lo mío con Sam es solo una amistad

— Entonces si te gustó yo, lo sabia

— ¡Que no! — respondí irritada y me aleje de ahí.

Caminé por el pasillo hacia mi siguiente clase, con el pésimo humor que me había dejado esa ególatra.

— ¿Estás bien? — me detuvo Sam de pronto.

— Si, no… solo no estoy de ánimos.

— ¿Quieres que almorcemos juntas? — me preguntó sonriendo y no pude negarme.

— Claro, nos vemos más tarde.


La clase dio inicio, pasó lenta y yo miraba el reloj con desespero, quería salir huyendo.

Cuando por fin terminaron las clases y llegó la hora del almuerzo me tope con una escena incómoda; mi amiga tomando la mano de Victoria mientras se reía por lo que le estaba contando, los ojitos le brillaban y no podía dejar de sonreír, ya me había visto a la distancia así que ya no podía salir huyendo.

— Ven ven, siéntate aquí con nosotras — dijo emocionada y por un instante se me revolvió el estómago.

— Voy por mi charola, ahora vuelvo — me giré sobre mi talón para salir de ahí por un momento cuando de su boca salió aquella frase…

— Estamos saliendo ¿no es perfecto?

— Wow — respondí con desinterés — vaya sorpresa, ahorita vuelvo — seguí mi camino y de mi pecho salió un suspiro. ¿Era posible que yo sintiera celos? Y no por mi amiga precisamente.

Al terminar la comida me disculpé y salí de la escuela, de camino me topé con Julián quien preocupado se acercó para preguntar sobre mi estado de salud y lo que había sucedido el fin de semana… resulta que nadie le quiso dar mi número de teléfono y él no tenía claro cual era mi dormitorio.

— ¿Quieres ir por un café? — le pregunté y de inmediato aceptó. Entramos a una pequeña cafetería y nos pedimos una bebida caliente mientras platicábamos un poco.

Unos minutos se volvieron horas, el cielo comenzó a oscurecer y la lluvia volvió.

— Voy a dejarte a tu edificio — dijo él quitándose la chamarra de los hombros.

— No, está aquí a dos calles, será mejor que te vayas antes de que ambos terminemos enfermos.

— Bien, pero esta vez si me escribes cuando llegues.

— Lo haré — le respondí con una sonrisa y él beso mi mejilla antes de salir del lugar.


La verdad disfrutaba la lluvia y comencé a caminar lento mientras observaba a las demás personas correr por la calle en busca de algún techo para cubrirse.

Los relámpagos comenzaban a iluminar el cielo oscuro y de pronto se fue la luz. Toda la calle lucia en completa oscuridad a excepción de los destellos causados por la lluvia. Saqué mi celular para alumbrar el camino y así poder llegar a mi edificio.

— Corre — grito alguien y comenzó a tirar de mi brazo hasta llegar a la recepción del edificio que se encontraba sola y oscura.

Escuché sus pasos apresurados subiendo por las escaleras pero decidí esperar antes de seguirle.


Al llegar a mi habitación me tiré en la cama y comencé a quitarme la ropa mojada, la dejé tirada junto a mi cama y me coloqué encima la blusa más grande que tenía a modo de blusón.


— Creo que deberías cerrar tu cortina — dijo mi compañera del otro lado, quien se encontraba en una situación poco usual con otra chica de la cual no pude ver el rostro.

— Lo siento — grité antes de pegar un brinco de la cama y tirar de la cortina, me sentía sonrojada pero esta vez la situación me había favorecido.

Ya estoy en casa. Enviar. Cerré los ojos y me quedé dormida, aún a pesar del ruido en la habitación.

Amor sin remitente Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora