Capítulo 5

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Ahora era ella la que temblaba, temblaba de miedo, pero no por aquellos hombres que seguían merodeando ahí fuera, sino por aquel cuerpo que tenía abrazado al suyo, el olor que desprendía la suave piel de su cuello, el roce de su cara...de sus cabellos...

N: Tranquila... - rozaba con sus labios el cuello de Alba – tranquila... - paseaba en un suave movimiento sus labios por el cuello de Alba

Afuera seguían las voces, aunque en ese momento nada escuchaba ninguna de las dos; tan solo sus respiraciones que salían como podían de sus bocas.

Natalia no podía evitar seguir rozando sus labios muy despacio, casi como a cámara lenta por el cuello de Alba, que en esos momentos sus flaquezas eran debida a una situación muy distinta a cuando entraron corriendo en ese pequeño espacio.

Sin hablar, y con los ojos cerrados, sentía los labios de Natalia suaves...tersos...unos labios que despertaban en ese momento en ella una sensación que jamás había experimentado anteriormente.

Notaba, cómo los labios de Natalia se acercaban hacia la zona de su barbilla, muy despacio, recorriendo casi sin apenas rozar su piel.

Parecía que el corazón se le fuera a salir.

No supo cómo, de repente sus manos empezaban a acariciar suavemente también la espalda de Natalia, pues una extraña y fuerte sensación en su estómago, le impedía cualquier control de nada.

Y mientras, Natalia, con su cabeza ladeada, empezaba a besar la comisura de los labios de Alba, muy suavemente, con besos mínimos y silenciosos, abriendo y cerrando sus labios, hablando con sus labios a la piel de Alba.

Poco a poco, llegaba a los labios de Alba con los suyos y por fin los besaba muy delicadamente, como preguntando, como esperando alguna respuesta; unos labios que decían...hola...estoy aquí;

Y los labios de Alba, dulcemente, también empezaban a saludarlos.

Afuera había gente, pero ellas estaban solas en ese momento. Ese momento en el que sus labios empezaban a reconocerse cada vez más...y más...

Silenciosamente se separaban un poco. No querían o no podían hablar. Se miraron a los ojos; aunque estaba bastante oscuro los ojos de ambas brillaban en la oscuridad, brillaban como los ojos de alguien que descubre algo nuevo por primera vez.

Natalia de nuevo, apartaba el pelo de Alba y la besaba dulcemente en la frente comprobando que el sudor iba cesando poco a poco.

De repente, interrumpiendo ese silencio que se había hecho entre ambas, las voces de los hombres que estaban fuera, volvían a escucharse.

Voz1 : Pedro!
Voz3: Va...dejarlo chicos...seguro que está por ahí en la playa con alguna...
Voz2: ¡Mirad chicos!...se ha dejado aquí una botella de ron medio empezada
Voz1: ¡Pues cógela! Jajajaja es un regalito de Pedro...jajajajaja

Ambas seguían abrazadas, muy unidas dentro de ese pequeño cuarto, casi totalmente oscuro.

Natalia bajó sus brazos y logró coger las manos de Alba. Al enlazarse sus manos con las de Natalia, Alba se sentía más segura, con menos temor por lo que había fuera de ese cuarto, pero con un terrible miedo frente a lo que estaba sucediendo en aquel cuarto.

N: ...¿Mejor? – la susurraba

A: No se...

Las voces se iban alejando.

N: Creo que ya se van...- unía de nuevo su mejilla con la de Alba y la daba un dulce y silencioso beso en la mejilla cerca de la oreja

Mi estrella dobleDonde viven las historias. Descúbrelo ahora