2

1.9K 269 176
                                        


Había perdido la cuenta de los minutos que me había quedado simplemente acostado en mi cama mirando el techo como si esto fuese algo sumamente interesante, no lo era, había tenido el tiempo suficiente de mirarlo cuando me habían castigado.

Y es que desde hace un tiempo que había nacido una rutina en mi, una extraña, ya que me encontraba de vacaciones y no debía asistir a la escuela, lo único que esperaba con ansias era que llegase la tarde y pudiese dirigirme hacia el templo, a veces lo hacia por las mañanas y terminaba por almorzar con el anciano en el templo, sin embargo, mi principal razón para visitar de forma constante era otra, era una persona.

Me agradaba estar con Dazai, por ende, buscaba forma constante ir al templo y pasar tiempo con él, siempre se encontraba allí, como si me esperase, a veces terminaba por encontrármelo en el bosque, paseábamos por allí y visitábamos lugares nuevos, era bastante curiosa la forma en que el conocía el bosque como la palma de su mano, yo había pasado mi vida completa allí y pensaba que lo conocía todo, Dazai me demostraba constantemente lo equivocado que estaba.

Campos de flores, arboles extraños de hace muchos años, con troncos enormes y ramas de las cuales podría escalar sin problemas, ríos y pequeñas lagunas, bastante agradable. Con el pasar del tiempo nos volvimos mas cercanos, como amigos de verdad, aunque eso no evitaba que peleásemos contantemente, las bromas y burlas hacia el otro eran constantes, pero siempre terminábamos los días de la misma forma, Dazai yendo hasta el limite del bosque y mi casa, despidiéndose de mi ante la promesa de volver a vernos durante el día siguiente.

Había pasado mas de un mes. Seguía sin comentar con nadie sobre Dazai, aunque era consciente de que mis padres comenzaban a sospechar que algo me sucedía, no sabían con certeza sobre que se trataba, pero lo pensaban. Yo me limitaba a tranquilizarlos y asegurarles que no me encontraba haciendo nada malo, eso era verdad.

Solté otro suspiro sobre mi cama, tenia pensado ir por Dazai durante esa tarde, me encontraba sumamente curioso sobre los planes que tendría este durante ese día, sabia que de cierta forma él tenía algo en mente cada vez que terminaba por mostrarme un lugar nuevo, sabia con certeza que debía planearlo de alguna forma.

Con una sonrisa casi involuntaria, me puse en pie y comencé a alistarme para salir, con el pasar del tiempo había terminado por decidir llevar conmigo una mochila, nunca sabia del todo lo que terminaríamos por hacer durante el día, por ende, decidía llevar algo de agua y cerezas, Dazai disfrutaba de comerlas y se veía bastante feliz cuando llevaba un poco para él.

Me despedí de mi madre, con la intención de marcharme rápidamente, sin embargo, fui detenido en la puerta de entrada.

- Chuya – me llamó mi madre - ¿Qué tanto haces durante las tardes? El anciano del templo te ha visto merodeando por allí solo – solté un suspiro al ver que mi madre ignoraba la presencia de Dazai

- Solamente me gusta pasear – conteste – no me gusta pasar demasiado tiempo en casa

Mi madre decidió darse por satisfecha de forma momentánea, entonces me dejo marchar. Aunque sabia que terminaría por enterarse de mis escapadas junto a Dazai, y en parte no podía entender la verdadera razón de ocultarlo, mas bien era como si algo en mi interior me dijese que no debía tocar el tema, no debía revelarlo, simple.

Y la misma curiosidad que había despertado desde que nos habíamos conocido, seguía intacta en mi interior, esperando por ser saciada, deseaba hacerlo, habíamos hablado desde hace bastante tiempo, suponía que existía un poco de confianza entre nosotros.

Cuando vi a Dazai durante esa tarde, sentí las palabras ahogarse en mi garganta, debatiendo entre salir o quedarse en su lugar correspondiente. Pero él se adelanto.

CuriosidadDonde viven las historias. Descúbrelo ahora