Cuando tocaba el piano, todo su cuerpo se movía con sensaciones que solo él conocía; probablemente conocía más esas sensaciones que a sí mismo. Pero ese era Jungkook. El fenómeno. El nerd. El idiota. El pianista.
Ellos no sabían la verdad sobre Jungkook.
No se daban cuenta de su secreto... y a veces él deseaba que lo supieran, para que así pudieran entenderlo.
Todo lo que necesitaban hacer era ver más allá de las cicatrices que se encontraban en sus brazos.
Y entonces, el verdadero Jungkook sería encontrado.
Jungkook llevaba tiempo enamorado del piano; era el instrumento que le podía dar toda la esperanza que él necesitaba en este mundo.
Sus dedos se movían con mucha precisión sobre las teclas para crear una melodía más hermosa que el suave golpeteo de la lluvia en la ventana.
Había estado tocando una pieza particularmente difícil de Mozart, y Jungkook se había ahogado en la pasión por la melodía que lo llevaba a un mundo nuevo.
Aria había estado en detención. Una vez más, por cuarta vez esa semana. No podía recordar completamente por qué, pero tenía algo que ver con burlar al profesor de biología. Una vez más, por milésima vez ese año.
Jungkook no la escuchó entrar.
Aria no sabía quién era el responsable de tan hermosa melodía.
Jungkook no se dio cuenta hasta que terminó de tocar.
Y Aria... bueno, Aria solo aplaudió.
