Al día siguiente, Jungkook no se quedó para tocar el piano.
Aria se saltó la detención y se fue a casa temprano para hacer lo que siempre hacía.
Jungkook dejó de tocar.
Aria siguió inyectándose.
Jungkook dejó de observarla.
Aria siguió inyectándose.
A Jungkook casi dejó de importarle.
En la segunda semana de diciembre, Aria vio ese estúpido tatuaje del sol. Miró hacia arriba y encontró las promesas en medio de las constelaciones.
