Los labios de Aria sabían a lluvia, con esa frescura de la menta, como la lluvia fresca que cae en el pavimento.
Una vez que Jungkook lo pensó, se dio cuenta de que Aria era como la lluvia.
Era tranquila y hermosa, pero en menos de un minuto, sus ojos podían estar brillando de la manera más fuerte y desesperada, como las tormentas eléctricas.
Era hermosa.
A Jungkook le encantaba introducir sus dedos en el cabello de Aria y tironear de él. Entonces, un gemido —parecido a un trueno— escapaba de la boca de Aria, y sus ojos chispeaban, como un relámpago que iluminaba todo el cielo nocturno.
Y eso simplemente electrificaba a Jungkook.
