Apuestas altas

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La molesta claridad de la mañana hace que se vea obligada a abrir sus ojos, se halla en cama y al enderezarse sus ojos encuentran a su esposa. Jessica se extraña pero no deja de mirar a Tiffany. La artista seca su cabello, muestra de que acaba de salir de la ducha y que no hace mucho se levantó.

—Jessi. —La nombra y hasta sonríe.

La empresaria se confunde, no ha recibido una sonrisa de parte de su esposa en días y que recuerde no hizo para merecerla, de hecho lo que recuerda de la noche anterior es muy borroso.

—¿Cómo llegue aquí?

—¿De qué te acuerdas?

—Volví de dejar a Nayeon y seguías bebiendo con Akemi, me hice parte y ella se fue como a las diez. —Por la expresión que recibe se da cuenta que está equivocada.

—La convenciste de quedarse y la cosa se extendió, tuvo que ser llevada por nuestro chófer a las tres de la mañana.

—¿Nos dormimos a las tres de la mañana? —Lleva meses que no hacía algo así.

—A las cuatro porque estuvimos hablando. No te acuerdas, que mal, tuvimos un delicioso trio con Akemi. —Muestra una expresión de satisfacción.

—Claro que no. —Lo asegura a pesar de que su mente aún no se aclara.

—La verdad no, lo que sí sucedió es que me prometiste un estriptis. —Va y se sienta al borde de la cama, Jessica se recorre y niega— Lo hiciste, también dijiste que me llevarías a un viaje en crucero, que iríamos a las Bahamas, oh y que te harías un tatuaje con mi nombre en tu pecho. —Hace esa sonrisa con la que sabe que la debilita.

Jessica mejor desvía mirada y antes de que pueda salir de la cama, solo queda allí enterándose que esta medio desnuda.

—¿Hicimos el amor?

—Si.

—Es demasiado maravilloso para ser real y si lo intentamos no pude ¿cierto?

—No lo intentamos porque nos venció el sueño, esa es la verdad y como hablamos de cosas serias.

—De las cuales no recuerdo. —Eso la hace enojar— Además, lamento alcoholizarte para hacer que hablemos.

—No me obligaste y quizás fue un mal momento para hablar pero yo me acuerdo bien de las cosas. Quiero mi estriptis y mi nombre en tu pecho. —Recibe un gesto de disgusto— Lo que hablamos, acepte mi error, fui extremista contigo.

—¿Qué dices? —No puede creer lo que escucha— Te refieres a lo que calle e hice que Nayeon y tú se enteraran.

—Tú no tuviste que ver en esa atrocidad, no tenías idea que tu padre tuvo una hija, menos que fue a entregarla, estoy segura que te hubieras ofrecido como sacrificio.

—En el peor de los casos. —Le confirma.

—Eso de que no lo mencionaste antes, te entiendo. Cargaste con ese peso por seis años, te lo guardaste y eso debió ser duro. Y como no hay nada que podamos hacer, para que castigarte, no es tu culpa, nunca lo fue.

—...No olvido de lo que sí fui autora. —Suelta con culpa.

—Vengarte en contra de quienes torturaron a nuestra hija, dejémoslo ya, lo merecían. Sabes, Akemi dijo algo muy cierto, tu padre seguro que duerme muy tranquilo en las noches pensando que salvó a su nieta, sin remordimientos. No vale la pena que nos atormentemos por los pecados de otros.

—Le contamos a la japonesa. —Se lamenta, se supone nadie más tenía que conocer lo de la hija de su padre— Maldito licor y sus maravillas.

—Ella sabe guardar secretos. —Confía en la japonesa, sobre todo por sus aventuras del pasado.

Nuestro Lado Oculto IIHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora