La verdad de lo sucedido

314 31 3
                                    

D: -Por favor, Tokio, prometí que no diría nada, pero era mucha la presión.

T: -Ya te digo, no lo sé, esto es algo grande, el profesor lo tiene que saber.

D: -Mira, Tokio, sé que esto lo involucra, no soy tonto, pero yo te dije que era un secreto y te lo conté porque confío en ti. Ahora la responsabilidad de lo que pase es tuya. 

----------

P: *Jaja, ahora no me vigila nadie, y va ser incómodo que Lisboa me vigile... ¿Y dónde está todo el mundo aquí? ¿Tan dispersos están? Siempre están todos en lugares diferentes*

París se dirigió a la sala principal en la que estaban todos los rehenes.

P: -¡Arturo!

A: - ¿Sí?

P: -¿Has visto por aquí a Lisboa?

A: -No...

P: -Bien, vuelve a sentarte

A: -Enseguida

P: -*Jamás pensé que iba a estar feliz de estar lejos de Lisboa*

=22 años antes=

A: -No te vayas

R: -Yo también me quiero quedar, pero ya es tarde

A: -¿Y si te quedas a dormir? Podemos hacer lo que tu quieras- Dijo tomándola de la mano

Raquel en definitiva se quería quedar, y más con esa propuesta. Pero no fue hasta que Alicia tomó su otra mano y le dio un tierno beso cuando decidió quedarse. Poco a poco, el tierno beso se fue transformando en uno salvaje y pasional. 

A: -Bueno, ya, hay que cenar.

R: -Dijiste que haríamos lo que yo quiera

A: -Pero tengo hambre

R: -Y yo ya estoy caliente, es un poco injusto ¿No crees?

A: -Para nada- Dijo la pelirroja volteándose para ir a la cocina

R: -¿Por lo menos puedes apurarte?

Alicia empezó a caminar aún más lento como burlándose de Raquel, pero ella, ya cansada de sus bromas y juegos, la agarró por la cintura y la llevó contra la pared. Luego le empezó a masajear los pechos mientras le besaba el cuello.

A: -Mmm.. Tengo hambre...- Trató de separarse de ella pero la morena no se lo permitió. -Raquel, ya, te lo digo en serio.

R: -Ya es muy tarde- En un solo movimiento, la morena ya tenía su mano dentro de las bragas de la pelirroja para empezar a tocarla.

A: -Ahh...- En pocos segundos Alicia ya se estaba empezando a humedecer mientras Raquel la tocaba con una mano, con la otra masajeaba sus pechos y mordía suavemente el lóbulo de su oreja. - Ahhh...

R: -¿Todavía tienes hambre?

A: -Pues claro, siempre, pero ahora estamos ocupadas.

R: -Jaja ¿Siempre tienes hambre?- Le pregunto mientras introducía levemente uno de sus dedos en su interior

A: -Ah... Pues claro...

Ralicia: Te necesito conmigoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora