Luz que opaca mi oscuridad.

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Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; Aun la noche resplandecerá alrededor de mí. Aun las tinieblas no encubren de ti, Y la noche resplandece como el día; Lo mismo te son las tinieblas que la luz.
Salmos 139:11-12.

Quizás suene un tanto paradójico, pero estando en otra ocasión tal vez me haría la siguiente pregunta, ¿Por qué el salmista desearía esconderse en medio de la oscuridad con tal de huir de la presencia del Señor? Pero no, estando en este punto creo que logro entenderle, aunque quizás nunca justificarlo.

Y es que hay momentos en los que queremos escapar de todo, hacernos invisibles o tal vez personas diminutas. Donde sentimos como el viento viene en nuestra contra, y que no somos dignos o merecedores de su amor.
Creo que el problema es que nos enfocamos tanto en quiénes fuimos un día, que dejamos de lado quiénes somos y en lo que podemos convertirnos.
Dejamos que los errores del pasado nos definan y porque creemos que no somos merecedores de perdón, y nos castigamos creyendo que Dios no nos perdonará.

Pero, en una ocasión vi una película, la cual realmente no recuerdo el nombre, pero un niño jugaba a ser mago, el niño muy ilusionado le mostraba a sus familiares actos de magia, pero un día este niño tenía la certeza de que había dominado un nuevo truco y era el devolverse invisible, éste lleno de orgullo se presento ante su público de siempre explicando lo que haría y advirtiendo que aunque desaparecería no debían alarmarse porque todo estaría bien. Entonces el niño evocó aquellas palabras mágicas, mientras que sus familiares solo miraban en silencio, pero como era de esperarse para sus familiares nada sucedió, pero aquel niño que mantenía sus ojos cerrados tenia la ilusión de que nadie le miraba, entonces mientras el creía que estaba invisible, a su alrededor sus familiares comenzaron a llamarle y a buscarlo, con tal de que aquel niño pudiera seguir creyendo que nada es imposible.

En otras palabras, nosotros somos como ese niño, creemos que nos estamos comiendo el mundo con lo que hacemos y que todo andará bien, pensamos que podemos huir de la realidad y que nadie se dará cuenta.

¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia?
Salmos 139:7.

Al igual que el salmista, muchas veces nos hemos hecho la pregunta, ¿a dónde puedo ir sin que tú estés? Pero no es mas que un intento fallido. Jamás podremos huir de quiénes somos, no podremos cambiar el hecho de que Dios nos a escogido para cumplir en nosotros un propósito eterno.

Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa.
Mateo 5:14-15.

Por mas que queramos evitarlo o tal vez negarlos, Dios a colocado una luz en nosotros, esa luz, es ese algo diferente que hace que aunque estemos en medio de la nada, estaremos llamando la atención.
Es como esa luz que no se puede esconder, y que no se puede callar, porque en su esencia esta el hecho de que fue creada para brillar.

Debemos entender que no hay tiniebla que haga que nuestra luz mengüe, o demasiada luz que opaque nuestro brillo, y que sin importar el lugar que nos encontremos, siempre estaremos al acceso del Señor.

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