Katie trato de besarme, pero corrí el rostro, provocando que sus labios chocarán en mi mejilla.
—¿Qué pasa? - pregunto ella y solo negué.
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No podía mirarla a los ojos, simplemente me era imposible mirarla después de lo que hice.
—No pasa nada. - mentí y tome asiento en la silla del comedor.
—_____, si no dices que sucede, no puedo ayudarte. Has estado muy extraña estos últimos días y...
—Estoy embarazada. - la interrumpí.
—¡Pero eso es genial! - exclamó - ¿Cuando te hiciste la inseminación?
—No me la hice, me acosté con Ryan. - hablé y por fin me decidí a mirarla.
Mala elección, se me encogió el corazón al ver su expresión dolida y lágrimas amenazaban con salir de sus ojos.
—¿Cómo pudiste? - susurro con la voz rota.
—Hace unas semanas, después de que me confesaras que me habías sido infiel la noche anterior - comencé a relatar, mientras ella me miraba fijamente y pequeñas gotas trazaban un camino por sus mejillas, pase saliva y suspiré para continuar. - salí a una fiesta, me sentía jodidamente mal y lo único que quería era beber hasta embriagarme.
—¿Ryan Reynolds, tu ex? - preguntó limpiando bruscamente las lágrimas de su rostro y asenti a su duda.
—En la fiesta - seguí contando -me topé con él y charlamos un buen rato, para ese momento yo ya estaba un poco pasada de copas, pero aún conciente...
—¿Él... Se sobrepaso contigo? - fue su turno de interrumpirme y me miro fijamente, con las cejas fruncidas.
—No, por supuesto que no. - negué rápidamente. - En ese momento solo pensaba en pagarte con la misma moneda. - respondí con arrepentimiento y mi labio inferior tembló.
—Eres un zorra. - bramo molesta y más lagrimas cayeron por su rostro. - ¡Nos íbamos a casar, mierda! - grito levantándose y mire incrédula.
—¿Y qué hay de ti? Eh - pregunté en el mismo tono. - ¡Te acostaste con mi hermana el mismo día que me pediste matrimonio!
—¡Eso es distinto! - golpeó la mesa.
Suspiré pesadamente y trate de calmarme para así dejar de alzar la voz.
—Ambas nos fuimos infieles, tu con Melissa y yo con mi ex pareja. - también me puse de pie.
—¡Pero tú estás embarazada de ese imbécil! - señaló mi vientre con repudió.
—Ese imbécil, como tú lo llamas, me escucho, me dió el apoyo que tú dejaste de brindarme y con cada caricia me hizo sentir especial, algo que tú ya no lograbas. - lo último era mentira.
Por supuesto que el tacto de Katie aún me hacía delirar, pero estaba molesta.
—Pues me pasaba lo mismo contigo, por algo estuve con tu hermana. - respondió molesta.
Una pequeña lágrima cayó por mi mejilla.
—Adelante, eres libre de libre de ir tras ella. - pasé por su lado para ir a la que era nuestra habitación.