Juicios

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- Por favor describa los eventos del día del hecho.

Goku miro hacia el frente, evitando mirar al tipo. Quien se jactanciaba con una sonrisa salamera, seguro de que saldría libre de esto.

El juicio había empezado hace algunas semanas y ahora él iba de testigo. Describir los eventos, pensó para si. Tomo aire antes de hablar bajo la atenta mirada de todos los que ahi estaban.

Al salir después de haber finalizado el juicio, los flashes lo cegaron. Uno tras otro, los periodistas lo bombardearon con preguntas de lo que había dicho o lo que había pasado. Wish lo tomo de los hombros protegiéndolo y apartandolo de todos esos tipos.

-Vamos muchacho camina.

Cold, que así se llamaba el abogado de Freezer. Había sido tan cruel, tan cortante. Que se sintió intimidado y no pudo contar su versión de los hechos sin tartamudear o confundirse. Pero Jiren, que era igual de frío y habilidoso que el otro, logró a sacar a flote su declaración cuando le tocó entrevistarlo. No sabía cómo iba a salir esto y la peor era que Vegeta tenía que subir a declarar tarde o temprano. Así eran las cosas en Japón. Sin su declaración, no había caso. No importaba si hubiera cien testigos diciendo que vieron los hechos. Él tenía que declarar, si quería que su caso saliera a flote.

Se subió al automóvil camino al hotel de la familia, después de pensarlo mucho. Habían decidido trasportar ahí a Vegeta. Ya que aunque era un lugar muy conocido, era más cómodo. Tenía la mayoría de las cosas para poder ayudar a su rehabilitación: Piscina, gimnasio, un spa y lo demás. La fisioterapeuta, la cual era algo joven. Era muy paciente y comprensiva. Características esenciales considerando el particular estado del muchacho. Estaba dispuesta a quedarse a vivir ahí hasta que mejorará su condición. Solo con salidas los fines de semana, un psicólogo, un terapeuta del sueño, porqué ahora el joven sufría de insomnio y cuando dormía de pesadillas. Todos los días entraban las mismas personas para ayudarlo, después de la descarga emocional de ese día. Vegeta aún se veía deprimido o simplemente en estado de aparente ausencia eterna o eso creían hasta que alguien lo tocaba. Sus reacciones a eso se habían vuelto muy violentas. A la única persona que dejaba que lo tocará actualmente era a Gokú y ni siquiera lo podía tocar la gran cosa. Sólo una tomada de manos, que no podía durar demasiado tiempo. Lo que hacía muy complicada la fisioterapia. Habían tardado más en que Vegeta se acostumbrara a que su terapeuta le tocará que en hacer la terapia.

Ingresaron por la puerta principal del hotel, repleto de gente como siempre. Las cámaras de televisión rodeándolos por todas partes.

Entraron dentro, sin mirar afuera directamente, para no ser cegados por los flashes de la cámaras fotográficas. Una rutina a la que ya se había acostumbrado y empezaba a ignorar. Los títulos sensacionalistas, las teorías, las conspiraciones, las críticas. Todo era un espectáculo en la televisión que casi ya ni veía. El Maestro le había permitido quedarse en el hotel. Llegando a la certera conclusión de que si no lo hacía, lo más probable era que él terminaría escapando por las noches para ir. Detalle que le agradecía profundamente.

Se quitó el traje y se fue a buscar a Vegeta. En ese momento se encontraba realizando su terapia.

La joven terapeuta de no más de treinta años. Acomodaba un mechón de su melena detrás de su oreja derecha, demostrando algo de cansancio, más mental que físico, que nunca hablaba en voz alta. Pero él ya la conocía lo suficiente para saberlo. Había elaborado y encontrando miles de maneras para minimizar el contacto tan necesario en este tipo de rehabilitación. Entendía el reto y lo había aceptado. Les costo mucho encontrar a una persona que estuviera dispuesta a enfrentar esto. Vegeta no siempre colaboraba. A veces tenía ataques de pánico, se ponía violento. Clara muestra de ello era el moretón que Maya, que así se llamaba su terapeuta, lucía en su mejilla derecha. Cuando el muchacho perdió el equilibrio al transferirse de la silla a la camilla. Ella fue a su ayuda de inmediato, dando como resultado lo inevitable. Ese feo hematoma que ya tenía el tono amarillo previo a terminar de desaparecer, por completo. El recuerdo aún le pesaba al joven, pero al menos había permitido que fuera más colaborador en sus terapias. Su psicólogo, el doctor Maido, decía que era normal. De alguna manera debía hacer salir todas esas emociones que había acumulado por tanto tiempo y que la recuperación y los miedos que se habían intensificado serían difícil de superar.

Mereces Más          (Terminada)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora