Capitulo 11:

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Mechi acercó su oído. Se rio con él. Las manos de Jason aprovecharon en tocar las piernas de ellas, envueltas en unos jeans apretados. Ruggero se terminó el RedBull. No veía el momento de intervenir. Ese imbécil la estaba tocando toda. Toda. Fijó sus ojos en cada cosa que hacía. Tragó saliva. Tenía los pómulos rojos de tanto apretar la mandíbula. 

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- ¿Nos vamos? 

Ella asintió, sin entender nada y sin siquiera reconocer en qué lugar estaban ambos. Jason la ayudó a ponerse de pie. De pronto, un beso… un beso largo. Un beso con lengua. Mechi no podía defenderse, ni siquiera tenía la mente para hacerlo. Jason la apretó para él, tocándola sin pudor… esta vez sin importarle que todo el mundo en aquella discoteca lo estuviera viendo. 

Fue entonces cuando alguien lo volteó, cogiéndolo del hombro. 

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Cogió a Mechi del brazo y la puso tras él.

- Joder… cuidado con ella…

- ¿Me lo dices a mí? –Rugge se rio. Se percató perfectamente de que se trataba de un niño de dieciocho. 

- Sí, a ti imbécil. Suéltala.

- ¿Im…qué?

- Imbécil. No jodas, y dámela.

- Repítelo… ¿im… qué? 

- Imbé… 

Un golpe arrasó con el rostro de Jason, derribándolo. Uno de esos golpes que Rugge no daba jamás, si es que no se había salido de sus casillas. Podía a verle reventado la cara en ese momento, pero en vez de eso, cogió a Mechi y la levantó en sus brazos. Caminó rápido con ella hasta salir de la discoteca, ella no diría nada… estaba totalmente dopada. Abrió su auto y sentó a Mechi en el asiento copiloto. Dio un suspiro. Reventaría de la pura ira. Tenía tanta acumulada en él que pensó que golpearía alguien desconocido en la calle por eso. Pero se contuvo. Aunque odiaba ver a Mechi así. Odiaba a ver tenido que ver como ese hijo de puta le ponía las manos encima y la besaba como él lo había hecho. Y la tocaba… como él lo había hecho… la acariciaba, le decía cosas en el oído… la trataba como él lo había hecho… la miró una vez más. Era preciosa. Lo es. Lo es y mucho. Parece un ángel justo ahora, y todas esas ganas de reclamarle se le han pasado. No, Rugge… no lo hagas… pero había sido tarde para ello… se inclinó y suavemente la besó en la boca. Un beso pequeño. Ella no podía inmutarse, pero quería besarla… lo deseaba tanto, ¡tanto! Como si con aquello pudiera respirar. De pronto, los labios de ella también se movieron, besando los de Rugge. Le apretó la nuca. Sus alientos se abrazaron. Era el tercer beso que se daban. El tercero de muchos que esperarían. 

- ¿Dónde estoy?

- Vas a tener que darme muchas explicaciones sobre esto… - murmuró él. De pronto un beso más. Hacía que cada vez las cosas se tensaran más. Que él lo hiciera. La tenía entre sus brazos de nuevo. La cosa más deliciosa y prohibida. La tenía de nuevo, y ella no parecía conocer los límites. 

''24 HORAS'' Novela RuggechiDonde viven las historias. Descúbrelo ahora