El título de marqués se le entregó a Ambrose un mes después de la muerte de su padre y la llegada del campo de batalla, tan cansado... estaba a punto de rendirse de todo cuando aparecieron esos dos mocosos a robarle el tiempo y preguntarles que tenían que hacer.
El albino suspiró y tomó su espada arrastrando a ambos niños al campo de entrenamiento en donde empezó a darle una serie de instrucciones para entrenar sus cuerpos. Dos horas de entrenamiento que los niños apenas resistieron y el chico los dejó descansar, solo para que luego fueran arrastrados por una sirvienta a una clase de etiqueta y luego a una para aprender a leer y escribir.
Los niños estuvieron demasiado ocupados, aunque aún seguían teniendo tiempo libre y las personas eran muy buenos con ellos debido a la atención que le daba el, ahora, marqués Evans.
Ambrose miró a su segundo al mando en la guerra y el castaño habló directamente, sabiendo que aquel albino no le gustaba andar con rodeos.
—Queremos servirte —habló directamente—. No somos los mejores, pero distes todo por nosotros en el campo de batalla y el segundo batallón quiere brindarte su lealtad.
—Mm... bien... reúne los nombres y las firmas de quienes quieran ser leales a mí, en la propiedad del duque hay espacio para un campo de entrenamiento militar, solo hace falta construir el lugar adecuado y contratar a médicos en cualquier caso de accidente. Yo no podría estar siempre con ustedes debido al papeleo, creo que podría hacer que mis tiempos de entrenamiento con los niños sea compartido con ustedes, primero tendría que preguntarle a Reese y Killian, de lo contrario ustedes tendrían un entrenamiento nocturno.
Ambrose siguió con el papeleo, aunque con magia atrajo una hoja en blanco y empezó a escribir el próximo contrato, de todas formas, como duque se estaba pudriendo en dinero, en especial con las nuevas inversiones que hizo y fueron exitosas, haciendo que obtuviera mucho más dinero.
—Las armas y armaduras las proporcionaré yo, no se preocupen por eso, solo deben encargarse de llegar a la hora, entrenar regularmente y si tiene que faltar, avisar con anticipación y mostrar sus motivos.
El lápiz del albino no se detuvo en ningún momento y siguió escribiendo sin mirar al castaño el cual casi sentía como si una vena empezase a hincharse en su frente, pero pronto se calmó cuando dos chicos entraron en la habitación interrumpiendo al albino.
—¡Ambro-! Señor Evans —hablaron los niños y el albino suspiró.
—No es necesario que hablan formal frente a él —el albino detuvo su lápiz y miró a ambos niños—. Él y un grupo más está pidiendo entrenamiento, ¿Quieren compartir su tiempo de entrenamiento con ellos?
—No —respondió secamente Killian.
—Mientras no sea un inconveniente para Ambrose, nos da igual —el pelirrojo rápidamente golpeó en las costillas al azabache y apartó su mirada del albino, sinceramente no quería compartir su tiempo con el albino, pero si era una molestia para el de ojos azules prefería rendirse.
—Mm... ¿Quisieran cambiar su hora de entrenamiento a la hora de la noche? —preguntó nuevamente el albino.
—No —habló firmemente Killian y sintió otro golpe en sus costillas.
—Bueno... —el pelirrojo hizo una mueca preocupada, si era de noche el albino estaría cansado. De repente sus ojos brillaron— Si es más cómodo para Ambrose estaría contento.
—¿Por qué ese brillo en tus ojos? —murmuró el azabache.
—Noche, cansado, entrenamiento —murmuró el pelirrojo y el azabache frunció el ceño confundido.
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Cambiarlo
RomanceCambiarlo... El pasado, el futuro y su fatídico final. Ambrose no sabe qué es lo que lo hizo estar obsecionado con esa chica, era como si su cerebro se desconectara y la persiguiera frenéticamente cuando él no la amaba. Sus días fueron dificiles, p...
