4. Licántropos

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—Ahhh, me muero de sueño

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—Ahhh, me muero de sueño.—me quejé. Tenía tanta ganas de quedarme durmiendo y más aún cuando todo estaba lleno de sobrios blancos y azules por la nevada de la noche anterior. El ambiente oscuro y frío, sólo me daba ganas de revolcarme en la cama hasta mañana.

—Tú solito, escogiste esta tortura.—se burló Chisaki mientras mantenía su mirada en el camino. ¡Eran las 4 de las mañana! De verdad, era una tortura que yo solo había escogido, y bueno arrastrado a Kai conmigo.

Ya había terminado mi carrera pero necio dije que quería un titulo fuera de la manada, ¿la peor parte?

Se trataba de una profesión enteramente diferente.

¿Por qué eres así, Izuku?

Me había dedicado por años a la medicina, ver a Kai cuidándome a través de los años, abría un deseo en mí de poder hacer lo mismo por otras personas.

Había terminado mi carrera a los trece años, ¿impresionante, no? Bueno, no para los hombres lobos. Mejor dicho, para nuestra manada, ya que un hombre lobo era de las muchas de las cosas que yo no era. La manada de Kai, me había aceptado a pesar de ser un humano y la amable señora Chiyo Shuzenji me había adoptado y criado casi como un hijo. Eran grandes personas.

—¿Cómo vas con esas prácticas?—preguntó Kai mientras yo cabeceaba, intentando no caer dormido.

—Dándole.—respondí mientras mis ojos se cerraban.

—Mejor duerme, conejito. No quiero que te duermas en media clase del Nazi.—bromeó. La piel se me erizo tan solo con escuchar ese apodo.

El Nazi era como mis amigos apodaban al profesor quien iba a tomar a cargo Teoría del Derecho. Ya que la profesora Midnight había decidido renunciar.

Lo que decían de él, definitivamente ponía a cualquiera temblar. Había expulsado a seis alumnos el primer día de clase porque estaban bajo sus expectativas. Sabía que la Yuei era estricta, pero no tanto como sacar a un alumno por estar debajo de las expectativas de un profesor.

Me había comido todos mis libros de Teoría del Derecho. Desde los más básicos a los más avanzados, no quería ser expulsado. Estaba muy nervioso. Y como lo hacía con todo, se lo conté a Kai.

—Solo porque tú lo dices.—murmure entre sueños.

En un abrir y cerrar de ojos, ya escuche la voz de Kai llamar otra vez.

—Conejito, levántate. Ya llegamos.—susurró Kai en mi oreja, impactando con su fuerte aliento mentolado. Que como él, era increíblemente imponente.

Cerré mis ojos un rato más, más que por querer dormir, era por cómo era Kai cuando me levantaba.

Lleno de besos el lóbulo de mi oreja mientras mantenía caricias en mi cabello. Revolviéndose entre mis rizos y extendiendo sus besos por mi cuello.

KatsuDekuTober 2020Donde viven las historias. Descúbrelo ahora