En dónde Genevieve Doherty y Regulus Black lidian con la idea de su reciente compromiso, la guerra haciéndose cada vez mas presente y el dilema de ser los hijos perfectos que sus padres desean.
O en dónde Gigi y Reg hacen lo posible para ser felices...
La noche después de por fin conseguir su vestido fue la noche mas tranquila que Genevieve había tenido después de la partida de su hermana.
Sentía que las cosas estaban acomodandose por fin, su relación con Regulus estaba mejorando, la idea de la boda ya no le desagradaba tanto y talvez, solo talvez, si se esforzaba lo suficiente, podría olvidarse para siempre de Sirius.
Llevaba 4 días en París y en esos 4 días al rededor de 20 cartas habían llegado a su ventana, todas del mayor de los hermanos Black, había quemado todas y cada una de ellas sin siquiera abrirlas.
Y mientras se escabullía con su abrigo en mano, dispuesta a salir a recorrer la hermosa ciudad fuera de su ventana, pensaba en si debería invitar a Regulus o no. Sabía que no le emocionaría la idea de pasear entre muggles pero igual fue en su busqueda.
-Reg-entró a su habitación después de golpear suavemente.
El chico dormía pacíficamente, cómo debería estar haciendo ella en ese momento, después de todo ya eran las 2am. Pero a esa hora la ciudad despertaba y todo era aún mas hermoso.
-Reg-repitió acercándose a su cama y moviéndolo lentamente-Despierta. -¿Gigi?-preguntó abriendo sus ojos.
Su voz ronca provocó cierto sonrojo en las mejillas de la chica y ella agradeció a Merlín que estuviera oscuro.
-¿Quieres venir conmigo?-susurró. -¿A dónde? -A buscar una aventura-sonrío.
Regulus sintió su corazón acelerarse ante la mirada de emoción en los ojos de Genevieve, ella brillaba y parecía estar viva por primera vez desde que la había conocido. Su cuerpo quería seguir durmiendo pero se forzó a si mismo a levantarse, jamás podría negarse a nada que la haga tener esa expresión en el rostro.
Ambos bajaron las escaleras de la mansión con nada mas que sus pijamas, abrigos y algo de dinero muggle. Dejaron sus varitas en sus habitaciones, decidiendo tácitamente que esa noche no serían el hechiero y la bruja descendientes de las Nobles Casas de Black y Doherty. Sino solo Reg y Gigi.
-Mira a ese señor-apuntó Reg.
A unas cuadras de empezar a caminar llegaron a la tan atractiva Torre Eiffel, que aún a esa hora estaba llena de gente, mas locales que turistas, y vieron a un hombre sentado con un acordeón tocando una melodía que Genevieve reconoció de las veces que Bernie o Lily habían reproducido música muggle en su presencia.
Something in the way she moves attracks me like no other lover.
-¿Me permite este baile?-preguntó Regulus en una exagerada reverencia.
Genevieve soltó una carcajada que llenó al chico de una extraña calidez y tomó su mano, atrayendo ambas a su cintura para posar las suyas al rededor de su cuello.
Bailaron abrazados durante toda la canción, sintiendo sus corazones acelerarse y las sonrisas inevitables formarse en sus rostros.
Era una especie de paz que Gigi solo había sentido cuándo Regulus la había besado en el último partido de quidditch. Beso que no había sido discutido ni repetido desde entonces.
-Eres tan hermosa-sintió al chico susurrar en su oído.
Era increíble el efecto que él comenzaba a tener sobre ella. Y lo mas increíble era que la idea no la molestaba en lo absoluto. Era tan diferente a cuándo estaba con Sirius, no sabía si mejor o peor, pero diferente sin dudas.
-Tú también lo eres-susurró en respuesta.
Regulus se sentía igual que la chica en sus brazos, lentamente la abrazó mas cerca, sintiendo que si la dejaba ir ella desaparecería de la faz de la tierra. Y por alguna razón que él aún no entendía, esa idea lo molestaba mucho.
-Me encanta esta ciudad-comentó él cuándo la música terminó y se separaron. -La llaman la ciudad del amor-le respondió mirandolo con una sonrisa-Personas de todo el mundo vienen aquí con quienes aman por el aire a romance que se respira. -Lo puedo entender-sonrío-Todo aquí parece salido de esos libros de amor que lee Cissy. -Yo creo que es aún mejor-suspiró-Nada amo mas que París. -¿Nada? -Nada-afirmó-Hay algo sobre este lugar, no solo el romance-aclaró-me hace sentirme libre.
Él la miró como si la mirara por primera vez, con una admiración en sus ojos reflejandose por primera vez. Ella sintió su corazón derretirse ante eso, nadie nunca la había mirado de esa forma.
-Dices que las parejas vienen aquí-siguió él-eso parece muy especial. -Lo es-asintió. -Lamento que estes viviendo esto conmigo y no con quien sea eso para ti-susurró. -Estoy justo con quien quiero estar.
Genevieve sintió un golpe de valentía repentino y en cuánto Regulus subió los ojos para mirararla sorprendido, ella tomó su cara entre sus manos y lo atrajo hacia ella. Besandolo.
En ese momento ambos sintieron sus corazones saltar, como si estuvieran felices con la decisión que estaban tomando y su magia se removió dentro de ellos, haciendo que se sintieran mas poderos que nunca.
Si respirar no fuera una necesidad jamás se habrían separado. Y cuándo el horrible momento llegó solo se quedaron abrazados, disfrutando del silencio que los envolvía.
Silencio que fue roto por un fuerte ruido y una luz sobre ellos. Se separaron para ver a una mujer adulta acercarse a ellos con una cámara muggle y un papel en sus manos.
-Siento interrumpirlos-dijo con una sonrisa-Pero me enternecieron tanto que no pude evitar tomarles una foto.
Les extendió el papel en su mano y sintieron sus sonrisas ensancharse aún mas. Esa foto sin duda se convertiría en uno de sus tesoros mas importantes con los años.
-¿Tiene algo para escribir?-preguntó Genevieve con una sonrisa. -Si querida-dijo buscando una lapicera muggle y pasandosela al encontrarla.
Genevieve dió vuelta la foto y ante la mirada de Regulus escribió las palabras que hasta el último día de su vida quedaron grabadas en su corazón.
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Regulus y Genevieve. 23/12/1977. "Nada amo mas que París"