Borracha

11 4 5
                                        

— Algo me dice que no fue que tenías que ir al baño -dijo llevándome a la cama, yo negué.— venga dime la verdad.

— No quería seguir molestándote para que me llevaras -dije como excusa a lo que el negó.

— Jamás me molestarías Mia.

— Daniel yo no quiero ser una carga para ti.

Al decir eso la conversación finalizó pues una llamada telefónica interrumpió todo, el solo contestó luego de besar mi frente y volvió a desaparecer de la habitación; esta vez yo me limité a quedarme sentada en la cama observando el gigante ventanal de la habitación que daba vista a la elegante piscina de la casa, desde ahí pude ver cómo mis padres salieron junto al chofer, ¿a donde irían?

— Me estoy agobiando -susurré para mi misma mientras me acariciaba el cabello, debía encontrar algún modo de entretenerme.

Haciendo caso omiso a Daniel decidí ponerme de pie con ayuda de las muletas y atreverme a bajar al salón, el cual estaba vacío; no se escuchaba ni un sonido en la casa. Me acerqué a la cocina, raramente Patricia que era la cocinera no estaba en esta, algo raro estaba pasando. Pose mi mano sobre una de las copas y seguidamente llene esta de un vino tinto que me estaba tentando. Al servirlo me lo tome en un abrir y cerrar de ojos.

— Una mas no hace daño -me dije a mi misma mientras me servía otra copa.

Y así una tras otra sin parar, sin siquiera darme cuenta acabe sentada en el suelo con la botella de vino totalmente vacía. No encontraba mi como ponerme de pie en aquella situación en la cual me encontraba. No paraba de reír, el dolor había desaparecido y eso me alegraba muchísimo. Sin siquiera percatarme una ola de calor llego a mi cuerpo y sin ser consiente mis manos llegaron al borde de mi camisa quitándomela. Me encontraba sudando, y sin duda era efecto del alcohol.

— Mía, ¿que haces? -escuche a alguien detrás de mi. — Señorita, ¿pero que ha echo? — era Patricia con una voz preocupada.

— Estoy bien. -dije entre carcajadas a la vez que me abanicaba con mi mano.

— Ay señorita, ahora que hago yo con usted en estas condiciones -digo Patricia mientras me miraba con cara de preocupación.

Al momento vi como con el teléfono de la casa marco un número y al instante supe que estaba hablando con Daniel, yo sin apenas ser consiente comencé a gatear cual bebé hacía el salón, al llegar a este logre subirme al sofá.

Estaba tumbada en el sofá boca abajo sin poder retener mi risa hasta que sentí como unas manos apretaron mis muslos sutilmente logrando que me girara, para ver de quien se trataba.

— Ay guapo me asustaste -susurré con voz provocativa a lo que el me agarró el rostro con cuidado.

— Mía no puedes tomar con tu medicación, no podías -susurró preocupado mientras se sentaba a mi lado.

— Estoy bien, muy bien de echo -dije entre pequeñas risas y dejé caer mi cabeza en su hombro.

— El alcohol te cambia totalmente eh -digo de manera baja.

Sin dejarlo hablar más coloque mi dedo índice en sus labios de forma suave y gruñí al sentir como este me mordió, a lo que le di un pequeño manotazo.

— Eres malo eh

— Me gustan las mordidas -dijo observando mis labios con atención, yo por provocarlo me los lamí de forma lenta.

Observe como sus labios se entreabrieron y sus manos inmediatamente se posaron en mi nuca pero cuando se fue a acercar me aleje de golpe haciéndolo gruñir.

— No, no, no -dije de manera vacilante. — Moreno si me quieres besar vas a tener que esperar -dije consiguiendo una sonrisa de su parte.

— Esa propuesta me encanta pero sabes, más te encanta a ti que quieres que te bese.

MERAKI ©  || @skydivessHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora