Capítulo IV

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Les mentiría si no me estoy esforzando en poesía, que dolor de cabeza es, ¿porque se me complica tanto?

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Les mentiría si no me estoy esforzando en poesía, que dolor de cabeza es, ¿porque se me complica tanto?.

Ahora mismo me encuentro en lengua,viene un pequeño cuento en español, dudo que alguien sepa hablarlo aparte de mí.

—Bien jóvenes, a continuación leeré la pequeña lectura, atención.—quedé sorprendida , vaya no espere que mi profesora tenía el conocimiento y experiencia necesario para hablar el español.

La aventurra del agúa.—mi tic nervioso salió a relucir cuando escuche solamente el título, levante la mano para pedir la participación.

—¿Si?, Alessa.—ella tenía un semblante serio.

Ups...

—¿Puedo leerlo?. —se encogió de hombros

—Adelante.

Carraspee un poco, respire hondo... Aquí vamos.

La aventura del agua

Un día que el agua se encontraba en el soberbio mar sintió el caprichoso deseo de subir al cielo. Entonces se dirigió al fuego y le dijo:

– “¿Podrías ayudarme a subir más alto?”.

El fuego aceptó y con su calor, la volvió más ligera que el aire, transformándola en un sutil vapor. El vapor subió más y más en el cielo, voló muy alto, hasta los estratos más ligeros y fríos del aire, donde ya el fuego no podía seguirlo. Entonces las partículas de vapor, ateridas de frío, se vieron obligadas a juntarse, se volvieron más pesadas que el aire y cayeron en forma de lluvia.

Habían subido al cielo invadidas de soberbia y recibieron su merecido. La tierra sedienta absorbió la lluvia y, de esta forma, el agua estuvo durante mucho tiempo prisionera en el suelo, purgando su pecado con una larga penitencia.—termine en un susurro, que fuerte es este corta redacción.

—Usted lee muy rápido el español, ¿Dónde lo ha aprendido?.

—Mi madre es latina, de ella lo aprendí con el tiempo.

—Excelente. ¿Cuál fue la moraleja?.

—Siempre creemos que estar en la cima es estar en lo mejor, pero cuando estas en la montaña rusa caes de un golpe, por ende es muy fuerte y muy difícil de asimilar. —conteste decidida, el escrito me había llegado.

¿Muy profunda no?

Bastante.

El timbre se hizo presente, recogí mis cosas y parti a la cafetería mi estómago se moría por algo de comida.

Vidas cruzadasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora