Era un miércoles corriente, una mañana normal y tranquila en la Armada Roja. Soldados siendo formados, corriendo en pelotones en la fresca brisa que había en el patio; experimentos secretos en los que se usaban especímenes con vida en el laboratorio; torturas a traidores en algunas bases subterráneas; espías descubiertos y ejecutados, algunos amarrados en columnas de madera, y otros con los ojos vendados de rodillas, listos para morir fusilados. Depende del lugar o pasillos por los que se iría se podrían escuchar gritos o sollozos, ya sean provenientes de encarcelados, torturados, o hasta de los propios soldados. A veces llegaban a resonar tanto, que parecían un único himno lleno de agonía y de dolor, poner un pie en aquella armada era realmente una misión suicida.
Mientras por otro lado, el mandamás de aquel lugar se encontraba de pie en lo que era una especie de palco, situado en una torre alta con una vitrina que daba con el patio y permitía en cierta manera contemplar la gran instalación de la armada. Bebía café solo —además de estar solo en aquella habitación—, algo fuerte y amargo para su gusto, pero se lo tomaba de igual manera, ya que le esperaba un día largo, y si debía tener energía, ser fuerte y amargo cómo ese café, lo sería.
Dejó de observar el cristal que tenía delante para ver el café. Oscuro, líquido, con su suave espuma color café cremoso y suave. Sin saber cómo, de un pensamiento a otro llegó a recordar que hoy había quedado con _______. Una sonrisa y un rubor leve se dibujaron en su rostro, hasta que recordó que también irían Paul y Patryk. Eso le borró aquella sonrisa y ahora se preguntaba la razón de actuar de esa manera. ¿Acaso quería estar a solas con la joven? Quizás algo obvia la respuesta, pero prefirió pensar que era porque ya estaba acostumbrado a verla únicamente a ella en sus consultas. Suspiró.
Sonaron las 6 campanadas que indicaba la misma hora que el toque, es decir, que dependiendo de cuantas campanadas se oían, aquella era la hora actual. Dio media vuelta y se dirigió a la puerta, no sin antes dejar en una mesa de cristal que había cerca, la taza. Era su momento de hacer visita a los soldados más recientes de la Armada Roja. Quería sorprenderlos y darles a probar un bocado de lo que se encontrarían allí el resto de su estancia.
(. . .)
— Está bien montón de basura. Creo que ya fueron lo suficientemente humillados cómo para saber de disciplina. ¿Verdad que sí?
— ¡Señor, sí señor! -dijo aquel pelotón ya demasiado alterados y tocados.
Algunos de aquellos soldados estaban en el suelo, llorando y abrazando sus piernas ante tal humillación y todo tipo de ofensas hacia ellos. Algunos habían llegado a ser agredidos no solo verbalmente. Simplemente no estaban preparados para unirse a aquella armada. Eran débiles, no resistirían más de 1 hora si los enemigos los capturaran y torturaran para sacarles información. Por eso hacía aquello con los nuevos. Debía buscar los escalones más propensos, pero no solo para su propio bien, sino para el de ellos.
— A los del suelo, llorones, débiles. Descansad, podéis retiraros si gustáis.
Se miraron entre sí. Creyeron que era una trampa para más tarde castigarlos, pero en realidad era una salvación. Una oportunidad de vida y clemencia hacia ellos.
— Y no me refiero a iros a vuestras habitaciones, si lo hacéis, que sea para recoger vuestros trapos y marcharos cuanto antes de aquí. No os haremos daño, simplemente queremos lo mejor para vosotros, y viendo que no estáis lo suficientemente preparados mentalmente para afrontar todo tipo de situaciones, me atrevo a dudar también de vuestra resistencia física. Si finalmente decidís quedaros, que sepáis que vosotros mismos habéis escogido el camino de vuestra posible autodestrucción. -hubo silencio, y los que estaban tirados en aquel suelo húmedo se habían puesto de pie.- Con esto concluyo mi visita. Nos vemos en otra ocasión, soldados.
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⌇⌇ ⎙ ¡! 𝐭𝐡𝐞 𝐫𝐞𝐝 𝐥𝐞𝐚𝐝𝐞𝐫 - 𝗍𝗈𝗋𝖽 𝗅𝖺𝗋𝗌𝗌𝗈𝗇.
Fanfic˗ˏˋ ꪔ̤̮ ---------------- ꒱꒱ ˊ˗ Esas charlas tan pesadas, se hicieron necesarias para él. Él la deseaba ver, él la necesitaba, él la amaba. ¿Por qué le haría sentir tanto su psicóloga?