Harry insiste en que Hermione le cuente a Severus Snape quien le salvó la vida en de la casa de los gritos. Pero la bruja se niega, no está dispuesta a contárselo. No era necesario para ninguno de los dos que se supiera, a pesar de lo que su amigo p...
Hermione miró el reloj distraída, después apoyó el mentón en la mano, y esta en el escritorio, mientras su otra mano libre garabateaba algo sobre el pergamino. Su mirada recorrió automáticamente lo que había escrito, sin detenerse a leer realmente.
Frunció el ceño, molestó consigo misma, y se obligó a volver al presente. Tenía que terminar el examen.
Bajó la vista y se sobresaltó al ver medio pergamino cubierto de frases inconexas, palabras al azar y tachones tan frenéticos que la pluma había comenzado a rasgar el papel.
Alzó la vista y lo miró fijamente. Allí estaba, el ceño fruncido tras el periódico, la piel pálida, el cabello negro como el carbón cubriéndole parcialmente el rostro, frío e imperturbable. Y esos ojos... oscuros, intensos, insondables.
No esperaba mucho. Desde aquel encuentro en el Callejón Diagón hacía una semana, él la había estado ignorando.
Qué novedad.
Aunque esta vez no parecía exactamente igual. No la ignoraba con la misma frialdad de siempre. Tal vez era cosa suya, quizás estaba empezando a volverse loca, viendo señales donde no las había. Pero sentí, de verdad lo sentí, que algo había cambiado. Que estaba menos molesto. Como si, poco a poco, empezara a aceptar que ella le hubiera salvado la vida. Incluso lo había sorprendido un par de veces tocándose distraídamente la cicatriz cuando pensaba que no lo observaban. Eso tenía que significar algo... ¿no?
El problema era Sirius. Él claramente no lo había "superado" igual. Hermione podía ver el rencor impregnado en el rostro de Snape cada vez que coincidían los tres en el mismo lugar. El Gran Comedor, algún pasillo... lo que fuera. Sentía su mirada oscura clavada en ella, porque aunque su expresión fuera una máscara de indiferencia, sus ojos... sus ojos brillaban de otro modo cuando la veía con Sirius.
Hermione apresuró el final del examen y se levantó para entregárselo. Snape se lo arrebató con brusquedad, fulminándola con la mirada. Como si su sola presencia le resultara insoportable.
-¿Le veré esta noche en el baile?- Preguntó suavemente.
Snape gruñó con asco y Hermione pensó que no iba a contestar, así que se retiró suavemente. Sin embargo se sorprendió cuando lo vio levantar los ojos.
-¿Por qué estúpida razón asistiría yo al baile?- Preguntó con desagrado. Hermione se encogió de hombros y suspir.
-Es el último día que lo veré antes de las vacaciones.- Remarcó cómo si el Slytherin no lo supiera.
-Ya la he visto suficiente, no quiero verla más en unos cuantos días.- Sentenció muy molesto.
-Cómo quiera.- Hermione frunció el ceño un poco disgustada. Aunque no fuera detrás de él, ni fuera a esperarlo, le dolía su actitud, no podía engañarse. Él podía ignorarla, o hacer con ella lo que quisiera, pero Snape le seguía gustando, y el aprecio que le tenía no iba a desaparecer porque él quisiese. Metió la mano en el bolsillo, titubeando un momento.- Iba a dárselo esta noche, pero cómo ha dicho que no irá...- Trató de no sonar decepcionada o triste.- Feliz Navidad.- Susurró mientras colocaba frente a él un pequeño paquete que entraba en la palma de su mano. Después dio media vuelta y se fue.
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