5- Preguntas y respuestas

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                                                                    5

                                           PREGUNTAS Y RESPUESTAS

        Charlie durmió durante seis horas ininterrumpidas. Se desperezó extendiendo los brazos por encima de la cabeza. Al principio estaba un poco desorientada, no recordaba dónde estaba. Tenía la boca seca y la espalda resentida por haberse quedado tanto tiempo quieta en la misma postura.

        Habían salido de Thunder Bay sobre las diez y media de la mañana más o menos. El reloj del coche marcaba las 17:02 de la tarde. Si Shailene estaba en lo cierto deberían quedar unas once horas de viaje todavía.

        Charlie bostezó.

        ―¿Has dormido bien?―quiso saber el señor Kirkman amablemente.

        Asintió con la cabeza tres veces. Echó un vistazo a la parte trasera del coche girando la cabeza, el cuello le crugió al hacer el movimiento.

        Shailene miraba el paisaje por la ventanilla. Andy, por su parte, se había tumbado como mejor había podido, con la espalda pegada a los mullidos cojines y las piernas contra el techo. Ni siquiera así podía estirarse del todo.

        ―¿Tienes hambre?

        Charlie no dijo ni una palabra.

        Greg Kirkman estiró el brazo derecho sin apartar la vista de la carretera, abrió la guantera y sacó una bolsa de plástico blanca con algo alargado en el interior.

        ―Hemos parado un momento para comprar algo de comer. Andy y Shailene han cogido bocadillos para todos―explicó mientras le tendía la bolsa con un gesto firme.―Nosotros ya hemos comido los nuestros. Ten, adelante, cómetelo.

        Era un bocadillo de lomo con pimientos verdes de media barra. El pan estaba crujiente y exquisito, aunque claro, a Charlie le parecía que todo estaba bueno, nunca le hacía ascos a nada. Ya se había quedado frío pero seguía sabiendo muy rico.

        Se quitó los sucios guantes rojos. El director miró sus manos, callosas, hinchadas y repletas de rasguños y cortes. Seguramente se acordó del momento en el que Charlie cayó sobre el montón de cristales rotos de la bolsa de basura en aquel callejón la noche que se conocieron. Su expresión era de pesar, se sentía culpable.

        Devoró el bocata de un mordisco tras otro sin darle una tregua al estómago para que consiguiera digerirlo. Siempre comía muy rápido, como si fueran a sacarle la comida de la boca o a quitársela de las manos.

        Cuando no le quedaba más que un pedacito pequeño miró tímidamente al director Kirkman y dijo:

        ―Gracias.

        Greg parecía complacido, le sonrió con una dentadura blanquísima de dientes torcidos.

        A Charlie le hacía mucha falta comer. Había recuperado algo de color en la cara, aunque seguía tan pálida como de costumbre; tampoco era de preocupar puesto que ese era su color de piel natural. Iba recuperando las fuerzas poco a poco y cada vez se encontraba mejor.

        Se puso a mirar a través de la ventana. El paisaje era muy bonito, con muchos árboles esparcidos por doquier y grandes explanadas verdes. Aunque una vez en su vida había pasado por allí para llegar a Thunder Bay no le sonaba nada en particular. Lo cierto es que muchas de las zonas de América le parecían muy similares, en especial las carreteras y las afueras de las ciudades.

Los seis elementosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora