6- Riverside Academy from Atlanta

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                                                                 6

                               RIVERSIDE ACADEMY FROM ATLANTA

        El resto del viaje fue bastante aburrido y lento. Parecía que las horas pasaban hacía atrás en vez de seguir su curso natural. Apenas hablaron en las horas restantes; Charlie iba demasiado absorta en sus pensamientos como para hablar sobre un tema que no fuesen sus padres y no se sentía lo suficientemente cómoda para comentar nada sobre el tema con ellos.

        Shailene había ido hablando en susurros con Andy. Se podría decir que era la única que hablaba, Andy se limitaba a observar y sonreír, de vez en cuando asentía o murmuraba cuatro palabras pero Shailene era la que no paraba de cotorrear alegremente. De vez en cuando estiraba los mofletes de Andy o jugaba con los anillos de acero que estaban incrustados en los largos dedos de él. Andy no parecía molesto. Era una persona completamente diferente a la que ella había conocido, allí sentado, con las piernas recogidas en una posición extraña, charlando con Shailene. Ella tiraba de sus mofletes y le sobaba el cabello indiscretamente. Andy se dejaba hacer sin rechistar.

        Había sido muy desagradable con Charlie, y a decir verdad, era una persona bastante petarda, pero tampoco podía ser tan malo como aparentaba; simplemente Charlie no era capaz de verlo. A Andy le pasaba exactamente lo mismo con Charlie; quizás, después de todo, no fuesen tan diferentes.

        Charlie los observaba a través del espejo, con cierta envidia. Los ojos de Andy recuperaban color cuando miraba a Shai, ya no daban esa sensación de frialdad e indiferencia, adquirían un tono azul cielo más bonito.

        Los ojos de Andy se encontraron con los de Charlie, que apartó la miraba como si hubiese estado presenciando un encuentro íntimo y personal.

        Hacía rato que Charlie le había ofrecido ocupar su asiento, para que pudiese estirar las piernas con mayor libertad, pero no quiso, Charlie podía hacerse una idea de cuáles habían sido sus motivos.

        ―No vuelvas a hacer eso, ¿vale? Nunca. Nunca más. Preferiría que me hicieses volar en mil pedazos y que mis vísceras saltasen por los aires―dijo Andy posando sus ojos sobre los de Charlie, reflejados en el espejo.

        ―Ahora resulta que te asusta que te eche un vistacito en los recuerdos que guardas en esa caja de madera que tienes como cabeza, ¿no? Qué lástima.

        Charlie hizo pucheritos con los labios, como una niña pequeña.

        ―¿Ves los recuerdos de las personas, Charlie?

        Greg Kirkman parecía interesado.

        Charlie ignoraba el hecho de que Andy ya le había contado lo que ella era capaz de hacer cuando se había quedado dormida.

        Lo de las explosiones era algo más notable y difícil de ocultar. En cambio, lo otro era más fácil de evitar, no tenía que hacer nada más que ponerse guantes y no permitir que tocasen cualquier zona de su piel.

        ―Sí, bueno, en realidad, sólo pasa si toco a la otra persona. Tiene que existir un contacto directo con la piel. Una vez eso pasa, dejo de percibir con mis sentidos y me sumerjo en una cascada de memorias. Es como si viviera la experiencia en primera persona, pero a la vez desde un punto de vista situado en el exterior. Puedo sentir lo que el dueño del recuerdo sintió. Pero también verle desde fuera. Es un poco extraño. Con cada persona funciona de forma diferente. No sabría decir de qué depende.

Los seis elementosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora