Capítulo 1: Un amargo recibimiento

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- ¡Aran levanta! - dijo una voz.

- ¡Aran!

- ¿Qué pasa...? - dije apenas pudiendo abrir los ojos.

- El capitán ordena que vayas a la taberna con él.

Abrí los ojos, estaba tumbado en mi litera del cuartel, pude ver que era Waldo el que me hablaba, uno del grupo de los que estábamos ayer con el capitán. Waldo era un hombre rubio de ojos castaños, también joven como yo, aunque él no era un novato pues me contó que estuvo en varios lugares más y estuvo al borde de la muerte en alguna ocasión.

Me levanté rápidamente de la litera dispuesto a ir a ver al capitán, pues no es buena idea hacer esperar a tus superiores, me vestí lo más veloz que pude y fui corriendo a la taberna. Era un lugar cálido, con ambiente, se podía ver a gente reír y algún borracho mirando lujuriosamente a la tabernera. El capitán estaba sentado solo en una mesa con dos sillas, en la que se sentaba él y una en frente que tomé yo.

- ¿Me llamaba, señor? - pregunté.

No se mostró enfadado, pero sí decepcionado.

- Sí Aran, quería preguntarte, ¿sabes qué sucedió ayer?

- Más o menos... nos emboscaron y en la pelea recibí un golpe y caí al suelo perdiendo el conocimiento - mentí.

- Aran, ¿sabes que se pueden condenar las mentiras a un superior, verdad?

Decidí no responder, estaba asustado de lo que podría hacer el capitán.

- Escucha - dijo con voz como de decepción - no te lo tomes a mal pero... no estás capacitado para ser militar, nada más ver morir a alguien ya te desmayaste.

- Pero...

- Escúchame - interrumpió - te mandaré de vuelta a casa y dentro de unos años, te haré llamar y comprobaremos de nuevo si estás capacitado - dijo el capitán.

Me quedé de piedra puesto que no esperaba irme a casa tan pronto. Era un alivio ya que no correría peligro ninguno pero, decepcionaré a mi padre y a mí mismo, ya que ambos queríamos que fuese un leal caballero de la capital.

- Sí capitán... - contesté triste.

 Me levanté de la mesa y volví al cuartel donde me recibió Waldo.

- ¡Ey Aran! ¿Qué te dijo?

- Nada Waldo, no quieras saber nada, he de marcharme.

Waldo no habló más, hizo un gesto de despedida y marchó preocupado. Recogí mis cosas, llevándome a escondidas la espada para practicar con ella en casa y salí del cuartel.

Andral era una ciudad grande, pues era la capital de nuestro país. Tenía numerosas tabernas y posadas, las calles solían estar abarrotadas de gente de clase media-alta, puesto que solo se podía permitir la estancia aquí la gente con dinero o, de forma gratuita, a militares como yo. Tomé la calle principal hacia la entrada de la capital donde vi a unos hombres que parecían comerciantes, pues podía verse que vendían alimentos.

- Disculpad, ¿vais a partir ya?

Asintió con la cabeza el hombre que por las pintas, parecía extranjero.

- ¿Podría acercarme a Myrael?

- Podría acercarte.

Me alegró su respuesta, si no fuera por él quizá no podría partir hasta mañana. Una vez subí a la caravana, le di las pocas monedas de oro que me quedaban las cuales, él cogió con una sonrisa.

- Te tengo que dejar aquí chico, no puedo desviarme más del camino - dijo el comerciante.

- No importa, gracias.

Me dejó en un bosque cercano a mi pueblo, era un bosque frondoso, con vida. Comencé a caminar hacia casa; tras un rato de andanza, vi de lejos mi pueblo, salía humo de él, asustado pensando en un posible incendio, corrí hacia allí... no era un incendio... era una pesadilla.

Los guardias del pueblo masacrados, casas ardiendo, campesinos cubiertos de sangre... no podía creerlo...

- ¡¡¡AHHHHHHHHHHHHHHH!!! - grité con desesperación mientras lloraba.

Tras varios segundos, me recompuse y fui corriendo a mi casa en busca de mis padres. En la entrada estaba él en el suelo, desangrándose.

- Hijo...

- ¡Padre! ¡¿Qué ha pasado?! - grité desesperado.

Padre cerró los ojos y pude observar que tenia un corte muy profundo en el estómago del que le brotaba mucha sangre.

- Padre, aguante aquí, ahora vengo, voy a salvarle. - dije

Entonces mi padre abrió los ojos y dijo:

- Hijo... no... temas... - tosió - mi tiempo acaba aquí... ve en busca de... tu madre... no se donde está...

Tras estas palabras, cerró nuevamente los ojos, pero esta vez para siempre. Volví a gritar de dolor pero no había tiempo para lamentarse, debía encontrar a madre. Entré rápido en casa gritando ''madre''. Busqué por toda la casa hasta que llegué a la habitación de mis padres de la que salió un hombre vestido de cartero pero, llevaba un cuchillo en la mano. Tuve la suerte de que no me vió, desenfundé mi espada y me escondí tras un mueble cercano, espere a aquel hombre y, cuando pasó, le asesté un tajo con toda mi fuerza que acabó inmediatamente con la vida de aquel infeliz. Subí rápido a la habitación de mis padres, madre... estaba en el suelo, pálida. Corrí hacia ella y comprobé si respiraba, había llegado tarde. Al lado de su cuerpo, estaba el de Midi cubierto de sangre, el gato de mi madre. Lloré nuevamente, tenía frío, estaba solo, no sabía que hacer... Tras varios minutos lamentando la pérdida de mis padres miré a mi madre.

- Lo siento madre - dije llorando - no llegué a tiempo a ayudaros a ti y a papá...

Jamás había llamado antes a mi padre ''papá'' ya que sonaba más infantil pero, no pude contenerme, estaba destrozado. Me levanté sin fuerzas y antes de irme vi algo raro en mi madre, tenía más barriga de lo normal... estaba... embarazada.


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