- Aún no me creo que Waldo me haya dejado solo en esto...
Improvisé una pequeña tienda hecha con palos y telas para asentarme en aquel bosque por una noche puesto que en la oscuridad habitan peligros y además, podría perderme.
A la mañana siguiente, seguí un camino marcado en el mapa que supuestamente me llevaría a otro pueblo. Tras estar varias horas caminando y terminar exhausto encontré aquella aldea. Era una aldea humilde con pocas casas y habitantes, además su gente mostraba miedo en sus rostros. Tan pronto como entré a una casucha que según ponía en el cartel era una posada, todos cuantos habían dentro se quedaron mirándome, paralizados, aunque yo no sabía bien por qué.
Me acerqué a la barra donde estaba el posadero y temblando y a punto de llorar me dijo:
- M... m-i señor, no m... m-e haga daño, hemos pagado ya los impu... pu-estos de esta semana, ¡tenga piedad!
- ¿De qué habla?
- ¡No nos haga daño por favor! - gritaba desconsolado mientras el resto de la gente estaba paralizada por el temor.
- Eh, eh, cálmese, no vengo a hacerle daño, solo busco gente valiente para enfrentarme a los Krazas.
Nada más escuchar el nombre ''Krazas'' todos allí se asfixiaron del miedo.
- ¿Tenéis problemas con ellos? - pregunté.
- Cada semana vienen obligándonos a dar todas nuestras riquezas y si no lo haces eres hombre muerto.
Tras oír esto, entendí por qué esta gente era tan pobre y, no se si por fue la ira de saber que los Krazas vendrían aquí pero tomé el valor suficiente para proponer a la gente una revuelta.
- ¡Escuchadme todos! ¿estáis cansados de vivir en la mayor pobreza? ¿de ver como vuestras familias mueren de hambre y quien no tiene nada es asesinado?
La gente seguía callada.
- Yo también odio a los Krazas - proseguí - mataron a mi familia y arrasaron mi pueblo natal, ¡no podéis seguir viviendo así! Os imploro que cojáis cualquier arma que tengáis y el día que ellos vengan les plantemos cara.
De repente, poco a poco la gente se fue poniendo en pié gritando cosas como ''esto se acaba aquí'', ''los Krazas nos temerán''. Aún no sé como conseguí convencer a tanta gente de que se uniera a mi causa pero me alegró ver como en esos rostros marcados por la tristeza, florecía una sonrisa guiada por la esperanza de acabar con el terror de su día a día.
- Aún no sabemos su nombre señor - dijo el posadero.
- No me llaméis así... llamadme Aran, ¡Aran Storm!
Dicho esto pude fijarme que uno ni se levantó de su lugar, estaba cabizbajo pero, por supuesto, no iba a obligarle a luchar.
Según me han dicho faltan tres días para que vengan a recaudar los impuestos, he de admitir que tengo miedo, tengo miedo de fallar a esta gente y de que todo termine mal, como pasó con Myrael.
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The Final Travel
ActionAran es un joven soldado que vuelve a casa después de estar un tiempo al servicio de la capital, al volver a Myrael, su pueblo, no encuentra más que escombros y cadáveres... Asustado pero con sed de venganza, busca a los asesinos de su pueblo para d...
