Theodore Nott creció en una de las familias de sangre pura más antiguas, ricas y prejuiciosas del mundo mágico. Pero su infancia no fue feliz ni alegre; de hecho, fue muy solitaria. Su madre murió cuando él era apenas un niño, un evento tan triste y traumático que le permitió ver a los Thestrals (las criaturas que solo ven quienes han conocido la muerte).
Al quedarse sin mamá, fue criado únicamente por su padre, un hombre ya anciano, frío y que formaba parte del círculo más cercano de Voldemort como uno de los primeros Mortífagos. Theo creció en una casa enorme, silenciosa y rodeada de magia oscura, aprendiendo desde muy chico a valerse por sí mismo y a guardarse sus pensamientos.
Cuando entró a la casa de Slytherin en Hogwarts, Theo llamó la atención por ser muy diferente a los demás. Mientras otros buscaban atención, lideraban pandillas o presumían su estatus, Theo prefería pasar desapercibido.
Era increíblemente inteligente y brillante en materias difíciles como Pociones, lo que le valió el respeto de los profesores y de sus compañeros, pero no le interesaba usar su intelecto para destacar. En la escuela se le conocía como un "lobo solitario": alguien independiente, misterioso, que observaba todo desde las sombras de la biblioteca y que mantenía una distancia muy clara con el resto del colegio.