Éramos unos idiotas que fingían ser maduros, justo como ahora, todos nosotros. Cuántas cosas cambian en tan poco tiempo. Si recordara quién soy, tal vez me sentiría diferente, pero no los conozco, no los recuerdo. Teníamos sueños estúpidos como el ser artistas, pensando que teníamos corazón, aparentando tenerlo. Al menos yo miro atrás, intentando saber si algo valió la pena, si aprendí algo, pero no hay nada más que tiempo perdido. No recuerdo cómo me sentía, ni recuerdo quién era, y sé que no lo necesito. Unos cambiaron su rostro, pero todos se quedaron vacíos.