Sé que si las cosas hubieran sido de otra forma
yo nunca recibiría perdón.
Tal vez es duro saberlo.
Sé que si yo hubiera empuñado esa espada,
me recordarían por siempre la sangre que derramé.
Sé que si fueran mis ojos los que hubieran llorado
y mi boca la que suplicara un perdón,
no lo hubiera recibido.
Y es lo que pasa cuando actúas con el corazón.
Perdonas el dolor, y plantas mariposas
tu mano sostiene la paz
como si nada hubiera sucedido.
Dejas que aquel error vuele en los cielos
hasta que se pierda,
pero una parte de tu alma
sigue observando el suelo,
a sabiendas de que
de haber sido falta tuya,
te harían marchitarte
en la sombra
de lo que hiciste
por toda la eternidad...