angeljta

*ᴗ͈ˬᴗ͈)ꕤ*.゚

angeljta

ꐦ •` ⤙´•
Yanıtla

angeljta

(๑•́ ᎔ ก̀๑)
Yanıtla

angeljta

( ,,⩌︿⩌,,)
Yanıtla

angeljta

*ᴗ͈ˬᴗ͈)ꕤ*.゚

angeljta

ꐦ •` ⤙´•
Yanıtla

angeljta

(๑•́ ᎔ ก̀๑)
Yanıtla

angeljta

( ,,⩌︿⩌,,)
Yanıtla

angeljta

angeljta

mucha azúcar para un diabético
Yanıtla

angeljta

mucha lectura para un tanto analfabeta
Yanıtla

angeljta

mucha guaracha para tan poco ñero
Yanıtla

angeljta

美しい桜の花が咲いています

angeljta

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Yanıtla

angeljta

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Yanıtla

angeljta

dechos⠀⎯⎯⠀♥️

angeljta

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Yanıtla

angeljta

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Yanıtla

angeljta

poesía para el corazón.

demonologias

que vergüenza dēvon que poemas tan malos
Yanıtla

zyran-ice

en el nicho sin nombre donde yace tu osamenta, he dejado mis dedos a morar entre grietas. a veces los entierro entre las fisuras de tu ataúd. el mármol está manchado, la lápida quebrada, pero yo reconozco el contorno exacto donde tu cráneo descansa. ni la tierra ha querido tragarte del todo; aún se te siente cerca, aún respiras lento en el vaho que se condensa cuando bajo. he aprendido a medir el tiempo con los gusanos. ellos bajan y suben como relojes sin manecillas. me acompañan. ellos y tu silencio. hay días en los que te hablo sin vergüenza, como si bastara que mis palabras rocen los bordes de tu caja para que tú me respondas desde dentro, con ese hálito sin voz que me quema el pecho. no hay ternura más fiel que la del que espera el óbito del otro para consumar su abrazo. y no me da miedo decirlo: ya no te quise vivo. te quería quieto y ahora estás así: inmóvil. tu piel se ha rendido y eso, curiosamente, te ha devuelto la dignidad. a veces creo que tus vértebras se alinean cuando susurro tu nombre. otras veces creo que soy yo quien ya se ha ido contigo. lo único cierto es que, podrido o no, sigues siendo la única silueta que no se disuelve cuando cierro los ojos y no he querido otra cosa más que quedarme.
Yanıtla

angeljta

me tocaba con la suavidad exacta de quien ha memorizado la textura del sufrimiento ajeno. no me gritaba: me susurraba. no me empujaba: me envolvía en una paciencia que lastimaba más que cualquier furia. me acariciaba la espalda mientras yo temblaba por dentro, como si al tacto de sus dedos pudiera reconstruirme... pero era todo lo contrario. cada gesto suyo era una soga de terciopelo, una daga con forma de caricia. no quería matarme. quería dejarme vivo, justo al borde, en ese punto donde uno no sabe si está respirando o sólo recordando cómo se hacía. me hablaba de amor como si fuera una promesa sin fecha, como si algún día llegara... pero no hoy. nunca hoy. y yo, idiota obediente del afecto, me quedaba. me quedaba porque nadie había sido tan amable al destruirme. porque al menos sus manos no dolían —hasta que dejaban de estar. no rompió mis huesos. rompió la esperanza. me enseñó que la dulzura puede cortar más profundo que el desprecio. y ahora, cuando alguien me abraza, me defiendo con una sonrisa asustada. temo que me traten bien. temo que quieran quedarse. temo que me quieran como ella: despacito, hasta que me rompan.
Yanıtla