CAPÍTULO UNO

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C a p í t u l o u n o

Mis ojos se abrieron de golpe y se cerraron con la misma velocidad de un parpadeo al instante en que fueron cegados por una luz... una especie de luz tan brillante que asemejaba el resplandor y la molestia que sólo la luz natural del Sol puede causar al tratar de mirarlo directamente, pero no era igual a esta. No sentía ningún calor chocar contra mi cuerpo ni escuchaba sonido alguno.

Abre tus ojos, ¡vamos! ¡ÁBRELOS!

Me fue imposible.

Abrí la boca para gritar. ¿Alguna vez tuviste aquella pesadilla donde los gritos se ahogaban en tu garganta? Ningún sonido salió de la mía. Fue en aquel momento en que sentí como cada vello de mi cuerpo se erizaba y por primera vez, él hombre valiente que tanto idolatraba ser, estaba aterrado. Era un niño asustado a punto de orinar los pantalones... otra vez. Mi respiración se aceleraba, tanto, que el oxígeno parecía insuficiente para mis pulmones. Valla hija de perra la impotencia que me dominaba como nunca; aunque tratara no podía distinguir con claridad dónde estaba y de pronto, un extraño ruido ensordecedor e incesante me congeló en mi sitio. Intente mover mis hombros, se sentía como si estuviera recostado sobre un suelo repleto de piedras.

Pero, ¿Qué sonido era ese?

¿Campanas? ¿La melodía de un millón de chelos sin sincronía? ¿Las aves cantando como locas? O miles de voces gritando...

Estando parado en el borde de la desesperación tan solo tenía dos opciones: caminar hacia el frente y caer, o retroceder.

¡Eres un genio!

¿Cómo diantres había llegado ahí? Donde sea que estuviese. Piensa, piensa...

El ruido desorientaba mis sentidos. Si no me estaba volviendo loco, quizá tan solo estaba soñando, uno de esos sueños raros que solo yo sabía tener. O quizá, muy seguramente estaría pasando por otra mal resaca, me dije, pero aún si mi mente era capaz de formular millones de posibles explicaciones, aún si se trataba de haber llevado al límite el alcohol, o de un sueño, ¡por un carajo! eso iba mucho más lejos de todo aquello que pudiera imaginar o tratar de comprender.

A cada segundo que pasaba el ruido tomaba más fuerza, a tal grado de aturdime provocando que así como si nada, mi mente dejara de funcionar y lo se. ¿Cómo es eso siquiera posible? ¡Me sentía muerto en vida! no habían latidos bombeando sangre por mis venas, no había aire entrando y saliendo por mis fosas nasales, no había saliva dentro de mi boca y ahogándome con mis propias lágrimas inexistentes nunca había sentido tantas ganas de gritar y la impotencia seguía aprisionándome porque no sentía ningún sonido escabullirse por mi garganta seca. Tan solo el simple recuerdo de mi conciencia flotando. Todo dentro de mi dejo de funcionar y fuera no existía nada.

Nada...

Nad...

Na...

N...

—¡Nivan!

Un nombre. Mi nombre. ¡Mi nombre es Nivan!

¿Quien habló? Porque sin duda alguna no había sido yo...

Y cómo si nada, una gran bocanada de aire entró por mi boca y fue casi como salir a respirar después de haberse sumergido lo más profundo posible en el agua. Y comencé a sentir. ¿Me permiten mal decir?

¡Puto frío de mierda! Jamás había sentido una brisa que fuese capaz de congelarme las bolas.

Abre tus ojos, ¡ábrelos!

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