Día 6

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Cuando Furihata decidió hacerle una visita a su hermano mayor, Kotaro, que recientemente se había aventurado a vivir solo, jamás imagino encontrar una escena como la que se podía observar en ese instante.

Según su madre, Kotaro de vez en cuando cuidaba a un par de niños, vecinos suyos, así que el encontrar jugando a un par de pequeños, quizá gemelos de no más de diez años, no fue lo que le sorprendió. Si no encontrar a su hermano mayor dormido y atado a una silla fue lo que causó que sus cejas se fruncieron en confusión.

Kōki no comprende como es que el otro ha logrado dormirse en aquella posición tan incómoda, cuando se nota que los pequeños pelirrojos se entretienen bastante dibujando cosas en su cara o poniendo ligas en su cabello que es casi del mismo largo que el suyo.

Sus pensamientos confundidos son detenidos en el momento que ve que un par de pequeñas cabecitas de cabellos rojos, tres ojos del mismo color y un último de tono dorado, giran en su dirección. En ese instante el castaño que ya había sacado las conclusiones más obvias, no sabe si huir por dónde vino antes de convertirse en el blanco de los niños o intentar ayudar su hermano, que parece ya estar despertando. Cuando los gemelos comienzan a avanzar hacia el, cree que tal vez correr era la mejor opción.

—¿Quién eres?

Dicen los niños cuando ya están justo en frente suyo, en perfecta sincronización, con un tono inocente, que Kōki casi les cree. De no ser por qué el castaño a logrado voltear a ver a su hermano mayor y al momento en que el otro suelta un bostezo logra observar que le pintaron hasta los dientes. El castaño, nervioso por si en cualquier momento los pequeños monstruos deciden atacarlo, se apresura a contestar.

—Eh, soy el hermano menor de Kotaro.

Ofreciendo una temblorosa sonrisa da aquella respuesta, intentando contener su miedo, por si los niños son como los perros y pueden olerlo.

—El dragón. . . —dice el niño con un ojo dorado.

—. . . tiene un hermano. —termina la oración el pequeño que tiene ambos ojos rojos.

Los gemelos se voltean a ver entre si y empiezan una pequeña plática, mientras cubren sus bocas para evitar que les escuche el castaño, volteando a verle de vez en cuando. El adolescente solo espera que lo que decidan hacer con sea algo rápido e indoloro.

Cuando la discusión de los niños se detiene y finalmente se vuelven a girar en su dirección, el jóven no puede evitar sudar del nerviosismo. Los gemelos, con un brillo especial en sus miradas, dan un asentimiento con sus cabezas y voltean hacia el mayor en la habitación, que se encuentra ya despierto, desatando las cuerdas que lo mantenían cautivó en su prisión.

—¿Kōki? ¿Qué haces aquí? —es lo único que puede preguntar el mayor, ya de pie, antes de ser interrumpido por el par que parece tener las riendas de toda la situación.

—Se llama Kōki. —murmura pensativo el de ojo dorado, dejando su manita en su barbilla.

—Kōki, será la princesa y Kotaro seguirá siendo el dragón. —exclama con emoción el gemelo restante. —Nosotros rescataremos a la princesa como los caballeros que somos.

Al instante ambos niños alzan un par de espadas, que son flotadores de goma espuma, listos para entrar en acción, arriesgando sus vidas para proteger a la hermosa princesa del malvado dragón.

Mientras los pequeños se colocan enfrente suyo, apuntando con sus espadas en dirección de su hermano mayor, Kōki aún no logra entender como es que terminó en esa situación.

Al mismo tiempo, Kotaro decide que si así logrará mantener a los gemelos un poco más quietos, o mínimo menos violentos, tal vez invitará más seguido a su hermanito a casa.

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De este día me gustó tanto la idea que si o si debo de hacer mínimo un mini fanfic. . . tarde o temprano xD

Nos leemos en el siguiente día.

31 Días de AkaFuriDonde viven las historias. Descúbrelo ahora