El alma y el amor nunca muere.

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El Niño es quien a diario me pregunta por ti,
Lo observo desde lejos cada vez que intenta amarrar sus agujetas, falla e intenta hacerlo bien una y otra vez, después se cansa y corre hacía mí. Cabizbajo me pregunta:
—¿Cuándo volverá?, ¿Es que a caso ya se olvido de mí, de nosotros?

Por las noches, lo escuchó susurrarle a Dios
pidiéndole por ti, que vuelvas, que es
necesario que estés aquí en casa, que no le gusta su habitación y hace días que nadie lo visita, más que los gatos que se brincan por el patio.
Por las mañanas me abraza y me dice que me ama, que el amor que me tiene es tan grande que no le cabe en su pequeño corazón.  Pero que en su alma siempre estás tú.
Dice que el frío es bastante,
La oscuridad le aterra y que por cada minuto qué pasa se siente más débil, pero con la esperanza de que vuelvas.
Comienza a darse cuenta que la casa se ve más vieja, sucia, y que nadie toca a la puerta para preguntar por nosotros.
Siempre, al atardecer, corre por cada uno de los cuartos buscando su mejor escondite con la finalidad de que sea encontrado. Abre los armarios, mira debajo de la camas y entre los sillones. Para al final terminar dentro  en la nevera.

El Niño siempre me pregunta por ti, y para ser sinceros, se me acabaron las ideas.
Porque ahora yo también me pregunto por ti, por la gente allá afuera.

Ya no sé cómo explicarle.
¿Cómo explicarle que su padre terminó con nuestras vidas mientras dormíamos?
¿Cómo contarle qué somos dos almas en pena, y que nuestros cuerpos están en una nevera?...
El alma y el amor nunca muere.



Autor: Bruno Emiliano Nt.




(21/01/2021)

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