Es normal que un niño pequeño no quiera saludar y no lo hace por mala educación, sino porque se siente intimidado, los que sufren de mala educación son muchos adultos que tienden a exagerar sus emociones cuando están en presencia de un niño y con total falta de respeto hacia su aprendizaje se molestan ante la resistencia de éste a corresponder un saludo. Cómo reaccionarías si tu pareja llega a casa un día cualquiera con un alguien que cuando te ve dice a todo pulmón –“¡¡PERO QUE MUJER MÁS PRECIOSA TIENES, ¿NO ME VA A SALUDAR?, TAN BONITA Y TAN TÍMIDA!!”- y todo esto mientras intenta apretarte las mejillas, despelucarte o cargarte en brazos?.
Un niño de 2 o 3 años que hasta ahora está conociendo el mundo, cuando se encuentra con personas 3 o 4 veces más grandes, desconocidas y que sin razón alguna (para él), alzan la voz y se abalanzan a abrazarlo, alzarlo, besarle, a apretarle las mejillas, o a tomarle las manos, vive un momento simplemente desagradable, por no decir aterrador, pues no entiende las razones para verse expuesto a esa invasión de su corporalidad.
Me han dicho algunas personas, “pero es que una cosa es el contacto físico y otra muy distinta el enseñarle a decir “Hola” o “Buenas tardes”, y sí, estamos de acuerdo, es muy distinto, pero eso lo entendemos nosotros, lo que un niño puede percibir es que ese “Hola”, o ese “Buenas tardes”, generalmente es la antesala a un contacto físico que no desea y a un momento tenso con papá y mamá.
Es muy diferente decirle con amor y a solas, cuando no saluda, por ejemplo, a su abuelo, - “Juan, es importante saludar al abuelo, el abuelo es mi papá, yo lo quiero mucho y él te quiere mucho, y cuando nos saludan es bonito saludar”- a decirle, delante del abuelo, con cara de molestia y a todo pulmón, -“Juan, no sea grosero, que pena con su abuelito, no lo voy a volver a sacar!, que salude a mi papá le estoy diciendo!”. En el primer ejemplo, así toque recordarle varias y varias veces, el niño experimentará el acto de saludar como algo normal y agradable, el cual incorporará en su mundo a su propio y único ritmo. En el segundo ejemplo, el niño experimentará el acto de saludar como un acto especialmente, tenso incómodo y bochornoso, por lo que es posible que le cueste un poco más el aprender a saludar o que sencillamente aprenda a detestar el acto de saludar.
A saludar no se obliga, A SALUDAR SE ENSEÑA. Si queremos que aprendan a saludar, hagamos grato su aprendizaje. NO A LAS MALAS, A LAS MALAS NADA, PACIENCIA, CONFIANZA E INGENIO.
Facebook: PSICÓLOGA MÓNICA TRIANA
(14/05/2021)
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