Ayer me encontré a una ex compañera de la escuela mientras vaciaba mi bolsa buscando mi tarjeta del transporte, lo primero que vió fue mi navaja y me dijo que yo siempre había sido ruda, que me conoció antes de ser feminista y me recuerda siempre armada, con la navaja en la bolsa más cercana a mí, lista para sacarla y abrirla.
Probablemente esperaba que confesara que sí, que nunca le he temido al peligro, que la navaja en mi bolsa significa falta de miedo, pero no.
Le conté que cuando iba a la primaria mis mapás trabajaban, así que nos íbamos a la escuela solas, y mi abuela nos dió una aguja de caneba, de esas largas y gruesas, la ensartada cuidadosamente en la parte inferior de nuestros suéteres, de modo que no nos fuéramos a lastimar, pero que pudiéramos sacarla rápido en caso de necesitarla. -Si algún señor se les acerca y se las quiere llevar o hacerles algo, le clavas la aguja en los testículos y corres-, aconsejaba mi abuela.
Afortunadamente nunca tuve que usar la aguja.
Seguí creciendo, me fui a escuelas cada vez más lejanas, en horarios cada vez más extendidos y pasó. Por pura casualidad traía en la bolsa de mi pantalón una navaja el día que bajé de la combi a dos calles de mi casa, y caminé sola sin importar la noche, porque estaba cerca, porque crecí en ese barrio. Entonces un hombre se apareció entre las sombras, me empujó contra una pared, le ofrecí mi celular y mi cartera, y me dijo que no iba a asaltarme, que ya sabía que quería. Puso sus manos en mis pechos, sentí la navaja en mi pantalón, la saqué y abrí en un sólo movimiento, lo aparté de mí cortando su abdomen y gritando, él corrió, de mi casa y de las casas vecinas salieron corriendo en mi auxilio, lo corretearon sin lograr alcanzarlo.
Entonces me dió miedo volver a salir de mi casa, no fui a la escuela unos días, ni a la tienda, ni a ningún lado porque sentía que ese hombre iba a estar ahí esperándome.
Tuve que volver a salir a vivir, así que me volví amiga de la navaja, aprendí a usarla. Dejé de salir de casa sin ella.
Así que no, la historia de mi navaja no es la valentía, es el miedo. El miedo de saber que en caso de que me agarren tengo una sola oportunidad. Una sola en la que tendré que decidir entre mi vida y la del violador. Una sola oportunidad para evitar que me lleven. Una sola.Por supuesto que quisiera decir que llevo navaja conmiga porque no le temo a nada, pero la verdad es que la llevo por miedo. Y por miedo, no dudaré en usarla.
Página: La vagabunda
(02/02/2021)
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