Cap. 9 - La Reina Vampira

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   Yuzu comenzó a abrir los ojos lentamente. Le dolía la cabeza. Sentía como si hubiera tenido la peor pesadilla de su vida. Estiró su brazo. Tocó algo suave. Se incorporó y notó que estaba en la cómoda e inmensa cama blanca del salón de la Vampira de la Lujuria. Claro... Nada había sido una pesadilla; todo había sido real. Y ahora ella era la Vampira de la Lujuria.

Empezó a recordar todo lo que había pasado. Junko le había quitado su poder de Reina Vampira a Yuzu para ser ella misma la reina. Yuzu volvió a recordar a su esposa Mei, a quien amaba con locura. Pero ahora Mei estaba inconsciente en un calabozo y ahora ella iba a pasar por todo lo mismo lo que Yuzu pasó. Junko había planeado todo a la perfección y todas habían caído en su trampa.

Yuzu sentía que le dolían las encías. Se llevó una mano a sus dientes y notó que ella tenía otra vez los dos grandes colmillos de vampira. Sentía su cuerpo más cálido y su libido estaba muy alta. Lo suponía... era la Vampira de la Lujuria. Sin embargo, su sentimiento de culpa y de tristeza la invadieron y no podía dejar de pensar en su esposa Mei.

- Reina Yuzu, venimos a pedirle disculpas...

Yuzu dirigió rápidamente la mirada hacia donde venía esa dulce voz que reconoció al instante. A los pies de su cama, estaban de pie las otras vampiras del pecado. Todas ellas tenían una mirada muy distinta a como las había visto en las pruebas. Tenían su semblante triste y sus ojos caídos.

Yumeko: Yuzu, lamentamos lo sucedido. Estábamos bajo el control de Junko y nos obligó a hacer todo esto.

Lucoa: Si no lo hacíamos, podía llegar a lastimar a gente muy cercana y preciada por nosotros.

Mikan: P-p-perdón, reina. Nosotras le tenemos mucho aprecio y no quisimos hacerle daño o tratarla mal.

Emilia: Usted siempre será nuestra reina y le seremos fieles. Estoy segura que con su sabiduría logrará encontrar una forma de derrotar a la escoria de Junko.

Nico Yazawa: Como dijo Lucoa, si hacíamos algo, las pulseras negras se activaban en las personas que amamos. No pudimos hacer nada. Estamos atascadas en esto, mi reina.

Toga: Yuzu, siempre fuiste muy bondadosa con nosotras. Yo, particularmente, me arrepiento de lo que te he hecho. Hacer tales cosas con alguien que no amas o con alguien que no tiene su consentimiento es aborrecible. Pero no tenía otra opción, Junko me obligó.

Yuzu: Chicas... Está bien – exclamó sonriéndoles bondadosamente -. No estoy enojada con ninguna de ustedes. No tenían otra opción y las entiendo. Sólo estoy enojada conmigo misma por no haberme dado cuenta de nada. ¿Cómo una reina puede olvidar su reinado y a sus súbditas? Soy una pésima reina, lo lamento mucho. Les prometo que revertiré ésta situación. No voy a dejar que Mei pase por lo mismo que pasé yo. Mei volverá a ser la Vampira de la Lujuria y yo volveré a reinar para que la paz se quede en este castillo de una vez y para siempre. Vampiras... Necesito que me traigan a un par de personas para poder ayudarme.

Yumeko: Lo que usted pida, mi reina.

Yuzu: Tráiganme a las personas que ustedes aman y aprecian. Quiero que estén conmigo cada persona con una pulsera negra, por favor.

Las demás vampiras asintieron e hicieron una reverencia. Acto seguido, se desvanecieron en las nieblas negras que cada una emitió. Cuando el salón quedó en silencio y esperando a las vampiras, Yuzu, quien ahora recordaba cada parte del lugar y ya no era desconocido para ella, se acercó hasta un armario donde estaba lleno de vestidos. Se colocó uno de sus vestidos más sexys, el cual era apretado y dejaba sus muslos al descubierto. Se pintó los labios de rojo oscuro, maquilló sus mejillas, contorneó sus ojos y se bañó en un dulce perfume. Ahora sí estaba arreglada y tenía el porte de una Reina Vampira. Sexy y delicada, hermosa y fina.

Las siete vampiras del pecado (Yuri +18)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora