𝙅𝙊𝙆𝙀𝙍 | En donde el príncipe payaso del crimen usa a la perfecta comprometida del alcalde para su mejor función.
❝ - Un comediante es tan bueno como
como su último chiste.
Y tú serás
mi mejor remate. ❞
...
🃏 *;;↱ ᵕ̈ JOKES ON YOU ↲፧ ˏ'୭̥* 04. ፧ ❝ YOU SCRATCH MY BACK AND I'LL SCRATCH YOURS ❞
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— JOKER'S WILD
─── 𝘔𝘢𝘯𝘴𝘪𝘰́𝘯𝘎𝘢𝘭𝘢𝘷𝘢𝘯
HERA PODÍA CONTAR CON una sola mano las veces que había caído en la desesperación. Siempre trataba de tener todo en orden y lucir impecable.
Todo el asunto con el dueño de Ace Quemicals, Carl Grissom la tenía con los pelos en punta y todo fue peor cuando otro interesado, Cameron Kaiser, comenzó a meter sus narices.
Lo peor, es que no podía dejar de pensar en el Joker y como él inconsciente e involuntariamente se metía en sus asuntos. No era de las que se conformaban con un "no" y se rendían, muchas veces se le dijo que no y ella rascaba y buscaba la manera de resolverlo.
Apenas y había cruzado palabra con Theo, cada uno estaba sumido en sus propios asuntos y tal parecía que ninguno tenía cabeza para otra cosa.
Incluso habló con su amigo Bruce Wayne, buscando que este fuera un nuevo inversor pero se negó amablemente, pues, aunque le interesara su proyecto y le tenía fe, no estaba de acuerdo en que residiera en Gotham un arma tan poderosa que pueda caer en las manos equivocadas. Aunque se molestó debido a su urgencia, lo entendió y tampoco intentó hacerlo cambiar de parecer, Bruce era muy firme y entendía su punto, sabía que no podría convencerlo de lo contrario cuando ni siquiera ella estaba segura. Pero aún así, no podía detener los avances de la tecnología y ciencia por malvivientes que le puedan dar un mal uso.
Hojeó con molestia el contrato celebrado con Grissom buscando algún hueco legal cuando alguien abrió la puerta de su oficina de forma estrepitosa. Levantó la vista dispuesta a echarlo por no anunciar su llegada antes, pero se encontró con un desconocido sosteniendo un enorme — tanto, que cubría su rostro — ramo de rosas rojas y amarillas.
Su mente viajó al recuerdo del arreglo floral que cierto criminal envió a su casa y tragó saliva nerviosa de que este acto se repitiera. Pero, grande fue su alivio cuando vio el rostro de su futuro esposo asomarse a duras penas entre las rosas. Hera le sonrió con nostalgia y el castaño finalmente dejó el presente frente a ella.
— ¿Ya hablaras conmigo, amor? — Preguntó con un pequeño puchero y en tono culpable. — Lamentó haber estado ausente estos días, no era mi intención hacerte sentir ignorada. — Rodeó el escritorio quedando frente a ella. — Tu eres todo para mi, quiero que seamos felices, a fin de cuentas, vamos a casarnos y créeme que nada me tiene tan contento como eso... — Tomó sus manos dándoles un suave beso. — ¿Podrías disculpar a este pobre hombre que te ama?