𝙅𝙊𝙆𝙀𝙍 | En donde el príncipe payaso del crimen usa a la perfecta comprometida del alcalde para su mejor función.
❝ - Un comediante es tan bueno como
como su último chiste.
Y tú serás
mi mejor remate. ❞
...
🃏 *;;↱ ᵕ̈ JOKES ON YOU ↲፧ˏ'୭̥* 10. ፧ ❝ VALENTINE'S DAY: PART TWO. ❞
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— Little by Little.
─── 𝘈𝘳𝘬𝘩𝘢𝘮 𝘈𝘴𝘺𝘭𝘶𝘮.
JEREMIAH PERMANECÍA ESTÁTICO, incluso parecía que no respiraba. Solo estaba atento, demasiado, incluso podría percibirse algo maravillado por la escena que se desarrollaba en las pantallas que reproducian las grabaciones de seguridad frente a él.
Hera Crownguard. Quien diría que ricitos de oro podría domar a la bestia de Gotham.
No tenía idea de que hablaban, parecía una confrontación , pero lejos de ser técnica, como con él, esta se sentía pesada, bastante emocional e ilogica, y justo por eso era bastante atrayente.
Hannah Quicke, por otro lado, mordía la goma de su lapiz algo ansiosa, esperaba que el pelirrojo validara sus anteriores observaciones ¿y cómo no hacerlo? pues la prueba estaba frente a sus ojos, era basatnte claro, pero eso solo era una corazonada. Y es que no había nada lógico en la situación, solo... problemas.
Jeremiah seguía observando con sumo cuidado, tal vez leyendo el lenguaje verbal. En el video que se reproducia con segundos de desventaja: Hera estaba de pie frente al Joker, firme, señalandolo, confrontandolo. No con amenaza; era miedo, preocupación, casi como si lo estuviera regañando. Su voz no se escuchaba, pero no hacía falta. Podía sentir la tensión y la familiaridad entre ambos.
No daba crédito, el Joker simplemente no actuaba como debería. No había violencia o desafío directo, había algo peor: Atención, toda dirigida hacia ella, como si el resto del cuarto no existiera.
« Interesante. »
Un guardia a su lado carraspeó.
—¿Damos la orden, doctor?
Jeremiah no respondió. Sus ojos seguían fijos en la escena.
Hera se movió un paso más cerca del Joker, tal vez demasiado. Invadía su espacio personal sin miedo o cálculo. Y el de cabello verde no retrocedió solo la dejó estar.
Jeremiah inclinó la cabeza apenas, procesando.
—No —murmuró finalmente—. Aún no.
El guardia hizó una mueca en desacuerdo.
— Ya pasaron cinco minutos. El protocolo dice...
—El protocolo puede esperar.
Se formó un silencio en el cuarto. El de seguridad paso saliva, tragandose el coraje de que un niñato con un lindo titulo quisiera darle ordenes por un absurdo "mandato real". Las reglas existian por algo, llevaba años en aquel psiquiatrico y conocía bastante bien los alcances y mañas de los prisioneros, si no tenían mano dura, podría repetirse el motín de hace meses.