Desde que el mundo es mundo, humanos, vampiros, brujos y licantropos han vivido una suerte de coexistencia seudo pacifica que podría describirse como "vive y deja vivir"
Magnus es un antiguo vampiro que si bien disfruta de los placeres de la vida mo...
La rutina había regresado con cierta normalidad: trabajo, mensajes rápidos, tardes ocupadas.
Clary había recibido un premio importante relacionado con su carrera y, aunque Isabelle estaba resfriada, insistió en que salieran sin ella. La noche prometía ser simple: un bar, unas copas, risas y distracción.
No sabían que terminaría en algo muy diferente.
—Lamento haberte molestado mientras trabajabas, Alec. —No te preocupes, Clary. Es viernes después de todo, y está bien que me hayan llamado. Simon no tolera el alcohol, Jace lo tolera demasiado, pero ninguno estaba en condiciones de manejar.
—Hubiera sido bueno que vinieras con nosotros —comentó Jace.
Los tres habían salido a beber para festejar el premio de Clary. Alec se enteró recién cuando pasó a ver cómo estaba Izzy.
—Si me hubieran dicho que salían a festejar, hubiera ido. Me enteré cuando fui a ver a Izzy.
—Y eso que me dijiste que le habías avisado —frunció Clary el ceño a su novio.
—Solo me dijo que irían a un bar. Por eso le dije a Jace que estaría trabajando, que es lo que hacía cuando llamaste. Pero si hubiera sabido, dejaba el trabajo para mañana.
—Pensé que lo había hecho.
—No lo hiciste.
—Ok, ok. Mala mía. Ya no me regañen.
Jace estaba borracho, pero funcional. Simon estaba prácticamente desmayado. Entre Alec y Jace lo llevaban por la calle.
—¿Dónde dejaron el auto? —A unas cuadras. No podía estacionar donde estábamos. —Cierto.
Era pasada la medianoche, no había demasiada gente en la calle. Luces, autos esporádicos, un par de transeúntes.
—Oigan... —murmuró Clary— ¿Estoy loca o hay algo raro ahí? —señaló hacia adelante.
—¿Dónde? —preguntaron ambos.
—Probablemente solo me pareció. Caminar de noche me pone nerviosa.
—¿Qué te pareció ver?
—No sé. Algo... apareció. Y desapareció de golpe.
—¿Un vampiro? —preguntó Alec— Se mueven muy rápido.
—No quisiera encontrarme con uno por la noche. Los que aparecen así no suelen ser civilizados.
—No quisiera encontrarme con uno nunca —respondió Jace— Pero le doy la razón a tu padrino cuando dice que tengas cuidado de noche.
—Debe ser en lo único en lo que están de acuerdo —rió Alec.
—En lo que tiene que ver con Clary, generalmente estamos de acuerdo.
—¿Dónde estamos? —balbuceó Simon.
—Volviendo. Sería bueno que caminaras por ti mismo, pero es mucho pedir.
—Ya se desmayó otra vez —comentó Clary.
—¿Por qué lo incitas a beber así, Jace? Sabes que no tolera nada.
—Ni modo. No voy a dejar que Clary beba tanto. Además, debería acostumbrarse. Va a muchos eventos donde tiene que beber.
—Tú solo te aprovechas porque Simon se pone llorón y sincero cuando está borracho, y bromeas a costa suya.
—No digo que no.
Doblaron una calle más desierta pero bien iluminada. El auto estaba a pocos metros. Alec dejó que Jace sostuviera a Simon y se adelantó.
Antes de tocar la puerta del auto, algo cayó sobre el techo con un golpe seco.
Alec retrocedió y cayó al suelo. Clary y Jace se quedaron inmóviles.
Era un vampiro.
Pero no un neófito hambriento. Tenía control. Propósito. Y buscaba a alguien en particular.
—Tú eres Alexander Lightwood. Mi jefe me mandó por ti —sonrió con malicia.
Alec se levantó como pudo.
—¿Quién demonios eres?
—Eso no importa. Lo importante es que vendrás conmigo. No es una pregunta.
Todo ocurrió demasiado rápido. Alec quiso huir aun sabiendo que era imposible.
Entonces algo imposible sucedió.
Una masa roja, amorfa, como un torbellino de sangre, apareció y se interpuso entre ellos. El vampiro siseó, maldijo y desapareció. La masa roja se desvaneció.
Alec cayó de rodillas. Las piernas no le responden.
—¿Qué carajos acaba de pasar?! —exclamó Jace— ¿Alec, estás bien?
—...Sí —respondió con esfuerzo.
Menos de dos minutos después, Magnus apareció y se arrodilló frente a él. Tomó su rostro con ambas manos.
—¿Cariño, estás bien? —preguntó— Galletita —miró a Clary— ¿están todos bien?
—Sí. Estamos bien.
—¿Tú hiciste eso? —preguntó Jace— Fue espeluznante, pero salvó a Alec... así que gracias, supongo.
—Luego hablamos —dijo Magnus sin soltar a Alec— ¿Puedes manejar?
—Claro. Estoy... bien.
—Estás asustado, con razón. Deja que maneje yo.
—¿Sabes manejar?
Magnus lo miró ofendido.
—Cariño, ¿crees que hay algo que no sepa hacer a mi edad?
—Eso fue egocéntrico —rio Alec— Y aunque tienes razón... estoy bien.
—Por supuesto. Soy maravilloso y lo sabes. No sé si debería dejarte manejar así.
—Ya dejen de coquetear y vámonos —gruñó Jace.
—Yo no estaba coqueteando —dijo Magnus teatralmente— Y no necesito el permiso de nadie. Voy a manejar yo.
—Sí, claro —bufó Jace.
—Nos vemos más tarde —dijo Magnus— Ven a mi casa cuando puedas.
—Sí.
Magnus los vio marcharse. Luego sacó el teléfono.
—Luke... perdón por llamar a esta hora. Tenemos que hablar.
Habían ido directo por Alec. Eso no era casualidad.
El miedo no era por sí mismo. Era por él.
Marcar a Alec con su Guardián había sido lo mejor. Nada que quisiera dañarlo podría acercarse.
Pero debía averiguar quién envió a ese vampiro. Y por qué.
Terminó la llamada con su viejo amigo, jefe de policía, y se dirigió a casa. Debía pensar cómo explicarle todo a Alec. Porque conociéndolo... querría saberlo todo.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.