Desde el encuentro en la universidad, Alec no había dejado de pensar en Magnus Bane. No era como si quisiera pensarlo. De hecho, lo evitaba a propósito. Pero era difícil olvidar unos ojos dorados y una sonrisa demasiado segura para su propio bien.
Habían pasado solo dos días desde entonces. Su mano seguía vendada, sus ojos seguían irritados por los lentes de contacto, y su cabeza... bueno, llena de cosas que prefería no analizar. Al menos no sin café.
—Alec, quédate quieto o no puedo hacer el boceto —rio Clary, sentada en su cama con su cuaderno de dibujo gigante cruzado sobre las piernas. Alec estaba frente a ella, en el sofá, visiblemente incómodo.
—Ya dijiste eso tres veces. Me tienes en la misma posición desde hace horas —se quejó—. ¿Por qué nunca usas a Jace como modelo?
—Amaría dibujar a Jace, pero solo puedo hacerlo cuando duerme. Es demasiado inquieto —suspiró— Hubiera llamado a Simón, pero tenía que reunirse con Magnus...
—Aún me sorprende que el tipo que me salvó aquella vez sea tu padrino.
—¿Por qué?
—Luce más como un modelo que como un artista.
—¿Creías que mi padrino sería un vampiro extravagante con la ropa manchada de pintura?
—Tal vez...
La carcajada de Clary fue contagiosa, y Alec terminó riendo con ella. Por suerte, esta vez no lo regañó por moverse.
Unos treinta minutos más tarde, la sesión terminó. Clary se levantó para ir a buscar café y galletas, mientras Alec se estiraba con un gruñido satisfecho.
—Por fin. Ya estaba muriendo de hambre —dijo, agradecido al recibir una taza humeante. Le dio un buen mordisco a una galleta con chispas de chocolate— Dile a tu madre que están deliciosas, como siempre.
—Lo haré —rio ella— ¿Vas a decirme qué te pasó en la mano?
—Oh... Podría decirse que fue un experimento fallido —respondió, bajando la mirada hacia su vendaje— Se me incrustaron trozos de vidrio y me quemé. Por eso me vendaron.
—¡Alec, por Dios! Eres un desastre ambulante. O más bien... llamas al desastre. ¿Cómo sucedió?
—Estaba supliendo la clase del profesor Verlac. Estaba enfermo. Un estudiante mezcló dos compuestos altamente inflamables. Te imaginarás qué pasó...
—¿Y ese chico está bien?
—Sí. También se quemó y se lastimó, pero está bien. Recibió una buena reprimenda del director.
—No me extraña. Fue muy irresponsable lo que hizo.
—También es mi culpa —se frotó la nuca con la mano buena— Debí estar más atento. Cuando me di cuenta, ya era tarde.
—Son demasiados estudiantes para que estés pendiente de cada cosa. No es tu culpa, Alec.
—Eso me dicen... pero igual...
—Pero nada —sonrió Clary, y luego lo miró con picardía— Y cambiando de tema... ¿por qué no me habías contado que mi padrino te salvó el otro día?
—Ya te lo dije, no sabía que era tu padrino. Nunca lo había visto. Solo sé de él por lo que tú cuentas... o por las quejas de Jace.
—¡Pero si hay fotos mías con él en el living! —rio—Eres un despistado.
—Supongo... nunca les presté atención.
—Me contó que te salvó en un callejón de vampiros desquiciados. Es lo que siempre te digo, es peligroso que camines por ahí a esa hora.
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I found you (EN EDICION)
ParanormalDesde que el mundo es mundo, humanos, vampiros, brujos y licantropos han vivido una suerte de coexistencia seudo pacifica que podría describirse como "vive y deja vivir" Magnus es un antiguo vampiro que si bien disfruta de los placeres de la vida mo...
