La conversación en la cocina se prolongó más de lo que ambos habían previsto. Después de que Magnus terminara de contarle sobre sus primeros años como vampiro, Alec permaneció en silencio unos segundos, procesando todo. Pero había una pregunta más rondándole la mente, una que no podía contener.
—Tengo que decirte que mi historia no es emocionante ni fantástica —empezó Magnus, acomodándose en su asiento— Es, de hecho, algo patética.
—Me cuesta imaginarte siendo patético —comentó Alec, arqueando una ceja.
Magnus sonrió con amabilidad y un toque teatral.
—Oh, querido. Créeme que he sido patético... muy patético, a lo largo de mi vida. Y como ya te dije, soy muy viejo, lo cual me da mucho —pero mucho— tiempo para ser toda clase de cosas.
El caso es que, cuando aún era humano y recién estaba en mis veintes, era un muchacho como cualquiera de esa edad, hijo único en una familia promedio en Batavia.
—¿Batavia? —preguntó Alec.
—Sí, en Indonesia. Aunque creo que ahora se llama diferente.
—Diría que sí.
—Han pasado mil años, después de todo —sonrió Magnus— Una tarde estaba en la calle con un grupo de amigos, sin hacer nada importante, solo tontear como cualquier joven.
Entonces, el pañuelo de una mujer cayó a nuestros pies y yo lo levanté. Era de una señorita que venía caminando junto a un hombre, ambos muy bien vestidos.
—¿Sabías que era de ella o solo lo supusiste?
—Ella se acercó y me lo dijo. Era bastante conocida en la zona: nieta de un hombre rico, con muchos pretendientes. Me agradeció y siguió su camino. Mis amigos hablaron de eso por días —rió— pero yo era lo suficientemente egocéntrico como para estar acostumbrado a que algunas damas —y también hombres— me miraran con interés.
—Entonces tu ego proviene de tu antigua humanidad —comentó Alec.
Magnus volvió a sonreír.
—Por supuesto, cariño. Soy egocéntrico por naturaleza, no por vampirismo —Le guiñó un ojo— Supongo que te preguntarás por qué te cuento esto.
—De hecho sí... aunque imagino que se relaciona con lo que sigue.
—Exacto. A esa dama me la fui encontrando varias veces durante los meses siguientes. Empezamos a conversar. Era fascinante. Lucía en sus veintes, igual que yo, y todo el pueblo murmuraba sobre por qué no se había casado aún.
—Para la época debía ser extraño.
—Bastante.
Más de medio año pasó así, entre encuentros y conversaciones, hasta que comenzamos a... "salir". —Hizo comillas con los dedos— Me contó muchas cosas. Entre ellas, que ya había estado casada y tenía un hijo, pero ambos habían muerto en un accidente. Ese hecho cambió todo en su vida.
Alec escuchaba absorto.
—Para no extenderme demasiado —continuó Magnus— te diré los hechos puntuales: en primer lugar, me enamoré estúpidamente de ella. En segundo lugar, ella era una bruja. Y en tercero... me convirtió en su conejillo de indias.
Bueno, no solo a mí. Tenía varios amantes en otras ciudades y también hijos de distintos matrimonios. Aunque aparentaba tener mi edad, en realidad estaba cerca del siglo.
—¿Por qué "conejillo de indias"? ¿Hizo experimentos contigo?
—¿Recuerdas cuando te dije que el sol no me afecta por mi edad, pero también por otras razones?
—Sí
—Bueno, esas "otras razones" tienen que ver con que fui parte del origen del vampirismo.
Esa mujer, en medio de sus experimentos de magia prohibida, creó el vampirismo. Quería darle inmortalidad a sus hijos por miedo a perderlos, como perdió al primero.
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I found you (EN EDICION)
ParanormalDesde que el mundo es mundo, humanos, vampiros, brujos y licantropos han vivido una suerte de coexistencia seudo pacifica que podría describirse como "vive y deja vivir" Magnus es un antiguo vampiro que si bien disfruta de los placeres de la vida mo...
