Desde que el mundo es mundo, humanos, vampiros, brujos y licantropos han vivido una suerte de coexistencia seudo pacifica que podría describirse como "vive y deja vivir"
Magnus es un antiguo vampiro que si bien disfruta de los placeres de la vida mo...
El cielo de Seattle amaneció gris otra vez. La lluvia caía con una calma casi hipnótica sobre los ventanales del penthouse, y Magnus la observaba en silencio, consciente de que algo en el ambiente había cambiado. No era solo el cansancio ni la rutina de los últimos días. Había un aire espeso en la ciudad, un murmullo de peligro que se extendía entre razas.
A kilómetros de allí, alguien más también lo percibía.
El sonido de la lluvia se mezclaba con el bullicio de una pequeña cafetería, donde dos hermanos se encontraban después de semanas sin verse.
—Qué bueno poder desayunar contigo, hermana. Ya casi no nos vemos.
—No tengo mucho tiempo y lo sabes —respondió Clary con una sonrisa, leyendo el menú del local.
—Dilo como es, me huyes por nuestro padre.
—...A veces.
Jonathan rió con suavidad. —Que no pensemos igual no significa que no podamos pasar tiempo juntos, ¿o sí?
—Supongo que tienes razón.
El mesero llegó y ambos café, croissants y jugo de naranja. Clary, como siempre, pidió su café con leche. Cuando el mesero se retiró, ella lo miró de reojo: Jonathan revisaba su teléfono con gesto concentrado.
No podía decir que no a su hermano, aunque a veces quisiera hacerlo. Había algo masoquista en esa parte de ella que seguía intentando salvarlo, como si pudiera apartarlo de las sombras que él mismo parecía abrazar.
—¿Sucede algo? —preguntó él de pronto.
—Nada —respondió, tan perdida en sus pensamientos que no notó cuándo el mesero dejó su pedido sobre la mesa.
—¿Segura? Parecías en otro mundo.
—Sí, perdón. Solo pensaba en cosas que debo hacer hoy.
—Un día ocupado, imagino.
—Algo. ¿Y tú?
—También —sonrió— ¿Todo bien con tu novio?
—Sí, todo bien con Jace. Es raro que lo preguntes.
—¿Por qué? ¿Porque nos llevamos mal? —rió con un tono ligero.
—Porque rara vez me preguntas por él.
—Lo sé, y hago mal. Es tu novio, debería esforzarme más por llevarme bien con él.
Clary lo observó con cautela. —Estás raro, Jonathan. ¿Pasó algo? ¿Te peleaste con papá?
—¡Oye! ¿No puedo preocuparme por ti?
Ella arqueó una ceja, escéptica, y él terminó riendo.
—Está bien, me rindo. —Levantó las manos, divertido— Solo me preocupa que te pueda pasar algo.
—¿Por qué me pasaría algo?
—¿No viste las noticias? Muchos vampiros y licántropos están apareciendo muertos. Me temo que sea una venganza, o algo peor.
Clary lo miró sin comprender. —Eres ahijada de un vampiro y mamá está casada con un licántropo. Solo me preocupo por ti.
La pelirroja bajó la vista a su taza. Quería creerle. Jonathan nunca había sido cruel con ella, ni cuando eran niños. Pero había algo en su tono... una sombra en sus palabras que le recordaba demasiado a su padre.
Parte de ella quería defenderlo, la otra solo deseaba terminar el desayuno. Optó por el silencio, tomando un sorbo más de café mientras la lluvia golpeaba los ventanales del local.
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El cielo plomizo cubría toda la ciudad y en algún punto más lejano, Valentine Morgenstern estaba sentado en su estudio, con una taza de café y el periódico de esa mañana frente a él.
—No es que me queje —decía Jonathan, aún de pie frente a él— nada me causa más placer que sentarme a ver el mundo arder, pero... ¿puedo saber qué planeas ahora? — Hizo una pausa — Que se peleen entre ellos no es factible —continuó— Si dijéramos que fueron las brujas, no lo creerían y las hadas no nos sirven; ellas nunca mienten.
Valentine dobló el periódico con calma. —Mi plan va más allá de una simple disputa territorial y tú lo sabes.
—Lo sé, pero pensé que tendrías algo más en mente.
—Tengo miles de cosas en mente, Jonathan. La salvación de nuestra raza requiere de todo nuestro esfuerzo.
—Soy todo oídos, entonces.
—Luego, en la cena. Ahora tengo mucho que hacer... y tú también.
Jonathan suspiró, asintiendo. —Ok, ok. Nos vemos más tarde.
El joven se retiró del estudio, dejando a su padre solo con su taza y el sonido lejano de la lluvia.
Valentine hojeó las páginas lentamente. Los titulares hablaban de cuerpos encontrados, de ataques sin resolver. Sonrió con una serenidad escalofriante.
—Engendros de demonio... —murmuró— No pertenecen a esta tierra. Son aberraciones del mal.
Sus dedos se tensaron sobre el papel.
—Yo me encargaré de extinguirlos. Solo yo puedo hacer ese trabajo.
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