Mañanas y sombras

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La lluvia había cesado al amanecer, dejando en el aire el olor fresco del pavimento húmedo. Alec despertó en el sofá del penthouse con una manta sobre los hombros y una taza de café caliente esperándolo en la mesa. Magnus ya no estaba allí, pero el silencio del lugar tenía algo reconfortante.

No había dicho nada más la noche anterior, y Magnus tampoco lo había presionado. Se limitó a ofrecerle un lugar donde descansar, una taza de café y una mirada tranquila que decía más de lo que las palabras podrían expresar.

Cuando salió del edificio un par de horas después, la ciudad aún estaba medio dormida. El cielo seguía cubierto y las calles brillaban con los restos de la lluvia. Alec respiró hondo, tratando de despejar la sensación extraña que lo había acompañado desde la noche anterior.

El domingo transcurrió con lentitud. De vuelta en su departamento, se dejó caer en el sofá junto a Jace, que veía la televisión con el mismo entusiasmo con el que otros irían a la guerra.

—¿En algún momento vas a contarme qué te traes con ese vampiro? —preguntó Jace sin apartar la vista del partido.

El televisor mostraba un encuentro aburrido y Alec simplemente mataba el tiempo a su lado, algo raro en él

—No me traigo nada. Somos amigos.

—¿Desde cuándo un amigo te llama "cariño" o "corazón"? —Jace arqueó una ceja, divertido.

—Le he dicho mil veces que no lo haga, pero sigue haciéndolo. Magnus es así. ¿No has oído cómo llama a Clary?

—Es diferente, ella es su ahijada.

—Como sea —replicó Alec, tomando una almohada para acomodarse mejor— me sorprende que no te moleste que me relacione con él. Después de todo, es un vampiro y ambos sabemos que los detestas.

—No es que los odie —dijo Jace, encogiéndose de hombros— Solo me resulta difícil confiar en ellos, ya sabes.

—Supongo que sí.

—No tengo nada en contra del padrino de Clary. Sé que es un buen tipo. —Jace lo miró de reojo y sonrió—. Aunque sí estoy celoso e indignado de que Verlac sepa más que yo sobre tu "tema" con el vampiro.

Alec soltó una carcajada y le lanzó un cojín.
—Idiota. No hay nada que contar.

—Te ves mucho con él últimamente y me llama la atención.

—Es fácil hablar con Magnus. Me interesa su naturaleza, su forma de ver el mundo. Es... diferente.

—¿Te refieres a que sea vampiro?

Alec asintió, sonriendo apenas.
—Y además es jodidamente viejo —rió— pero parece de nuestra edad y sabe tanto de todo...

—Clary me dijo una vez que su padrino era muy grande, pero nunca pensé que tanto —comentó Jace, divertido— Verlac quiere que salgas con Bane, ¿verdad? Porque hizo unos comentarios la última vez que lo vi...

—Sebastian cree que todos deberíamos ser tan promiscuos como él —gruñó Alec— Admito que Magnus es atractivo, pero nada más.

—No lo culpes por querer sacarte un poco de tu rutina. Yo también a veces lo intento.

—Y agradecería que ambos dejaran de hacerlo —replicó Alec, rodando los ojos— Estoy bien así.

—Estás saliendo bastante para lo que normalmente haces —rió Jace— Hasta me sorprendió la primera vez que no volviste a dormir. Nunca había pasado algo así desde que vivimos juntos.

—No planeé quedarme. Solo me dormí —dijo Alec, un poco más bajo.

—Como sea —sonrió Jace— me alegra.

—¡Jajajajaja! Quisiera haber visto eso

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—¡Jajajajaja! Quisiera haber visto eso. Lo hiciste orinarse en los pantalones —rio Simón, dejando la taza de café sobre la mesa del penthouse.

Como ya era costumbre, el lunes por la mañana había pasado por casa de Magnus antes de ir a trabajar.

—No estoy seguro de que mis habilidades como vampiro incluyan eso —respondió Magnus con ironía— pero puedo afirmar que estaba incómodo e intimidado. Espero que eso resuelva el asunto

—Eso espero —rió Simón— Creo que le ha quedado claro por qué tu trato con la editorial es tan diferente al de los demás.

—Así es —murmuró Magnus, revisando su teléfono.

—¿Estás hablando con Alec?

—Ya quisiera —suspiró— Estoy hablando con un colega. Alexander rara vez me escribiría.

—¿En serio? Pensé que hablaban seguido.

—Nos vemos seguido porque yo me las arreglo para que así sea —dijo con una sonrisa ladeada— pero escribirnos... no. Él rara vez lo hace, y cuando lo hace, responde con monosílabos y con horas de diferencia.

—Seguro está metido en alguna investigación.

—No lo dudo —asintió Magnus, dejando el móvil a un lado.

Simón terminó su desayuno y se despidió poco después, mientras Magnus volvía a concentrarse en la conversación con su colega. Hablaban sobre la reciente ola de asesinatos entre razas y la falta de información que los mantenía estancados. Era frustrante: cada día aparecían más cuerpos y menos respuestas.

El sonido de la lluvia comenzando otra vez contra los ventanales del penthouse fue lo único que interrumpió el silencio.

El sonido de la lluvia comenzando otra vez contra los ventanales del penthouse fue lo único que interrumpió el silencio

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EDICION: 10/10/25

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