Entre la lluvia y el silencio

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El eco de una conversación ocurrida semanas atrás volvió a su mente mientras avanzaba por los pasillos silenciosos del Consejo.

"¿Estás segura de que son amigos?"

Will se lo había susurrado a Tessa, creyendo que Magnus no escucharía. Tessa le dio un codazo, él se quejó, y todo quedó envuelto en risas y comentarios triviales. Pero la pregunta había quedado suspendida, como una astilla que Magnus no había podido arrancarse del todo.

No era que dudara de sí mismo. Él sabía poner límites, conocía perfectamente la diferencia entre afecto, deseo y peligro. Y, sin embargo... desde aquella noche, cada vez que Alec cruzaba la puerta de su penthouse empapado, agotado, murmurando que el metro era un fastidio, la pregunta regresaba.

¿Solo amigos?
No. Alec ya no era "el cuñado de su ahijada" que conoció por casualidad. Alec estaba empezando a ocupar un espacio que Magnus nunca había planeado concederle a nadie.

Enderezó los hombros, ocultó cualquier rastro de duda tras una expresión impecable y empujó las puertas del salón.
El Consejo lo esperaba.
Lo personal podía esperar... al menos por ahora.

El ambiente del salón era denso, solemne, cargado de murmullos y desconfianza. Las sombras parecían adherirse a las paredes, y el aire olía a polvo antiguo y resentimiento. Magnus tomó asiento con calma, cruzando las piernas, mientras las miradas lo seguían con una mezcla de respeto y sospecha.

—Los asesinatos continúan —anunció el anciano que presidía la mesa— No podemos seguir ignorándolo.

Magnus entrelazó los dedos sobre el regazo, medido, sereno.
—Actuar sin pruebas solo nos llevará a más caos —dijo

Una voz femenina y suave interrumpió el silencio.

—Qué discurso tan noble —comentó Camille Belcourt,  con una sonrisa que no alcanzó los ojos— Aunque resulta curioso escucharlo de alguien que pasa más tiempo entre humanos que entre los suyos. Algunos parecen haber olvidado a qué mundo pertenecen... y con quién solían compartirlo.

Hubo un silencio incómodo. Magnus sostuvo su mirada sin pestañear.

—Te equivocas, Camille. No he olvidado nada. Especialmente a quién no quiero volver a tener cerca.

Un murmullo recorrió la mesa. Algunos reprimieron sonrisas, otros desviaron la vista. Camille simplemente alzó el mentón, fingiendo indiferencia.

El anciano golpeó su bastón contra el suelo.
—Basta. No estamos aquí para viejas disputas personales.

Las discusiones continuaron, pero ninguna respuesta concreta surgió. Solo temor, política y culpas compartidas.

Cuando la reunión terminó, Magnus abandonó el lugar sin mirar atrás. Caminó bajo la llovizna sin usar magia, dejando que el agua helada lo empapara. A veces necesitaba sentir algo real, algo que no pudiera controlar.

Al llegar a su penthouse, lo primero que escuchó fueron risas.
El living estaba iluminado, cubierto de mantas, cojines y platos con restos de comida. Clary e Isabelle estaban recostadas en el sofá, con una película romántica y un tazón de palomitas entre ambas.

Entonces lo recordó: días atrás, Clary le había preguntado si ella e Izzy podían pasar la noche allí, "solo para tener una noche tranquila entre chicas". Magnus, que las adoraba como hermanas pequeñas, había aceptado sin dudarlo.

—Llegas tarde —dijo Izzy sin apartar la vista de la pantalla.
—Y empapado —añadió Clary, alcanzándole una toalla.

Magnus dejó el abrigo, alzó una ceja y dijo con dramatismo contenido:
—Por lo menos díganme que dejaron algo de helado

Clary sonrió.
—Tranquilo, hay uno entero en el congelador.

Izzy añadió, divertida:
—Igual no lo ibas a comer.

Magnus suspiró con teatralidad.
—No como, pero me gusta saber que existe. Me hace sentir incluido.

Ambas rieron, y por primera vez en todo el día, el peso del Consejo pareció desvanecerse.

Horas después, el ascensor volvió a sonar. Alec entró con el cabello húmedo, bufanda torcida y el cansancio marcándole los ojos.

—El metro está imposible —murmuró— Y es muy tarde ya.

Magnus, se acerco al ojiazul con una sonrisa apenas perceptible.

—Si vas a invadir mi penthouse cada vez que anochece —comentó sonriendo— al menos podrías fingir que me extrañas

Alec se quedó quieto un instante, desviando la mirada con el rubor subiéndole a las mejillas.
—Solo estaba cansado —respondió en voz baja— y tú eres el que me insiste en que venga.

—Lo sé, lo sé —dijo Magnus— Ven, te preparo algo caliente.

 Clary e Izzy saludaron a Alec y sonrieron cómplices antes de volver a perderse entre risas, chismes y una escena romántica. 

La cocina estaba en penumbra, iluminada por la luz baja de los estantes y el reflejo gris de la lluvia en los ventanales. El vapor de la tetera llenaba el aire.

Alec se sentó en el taburete alto, apoyando los codos en la encimera.
—No tenías que hacer esto —dijo, sin levantar la vista.

Magnus colocó dos tazas frente a él, su voz suave pero firme.
—No me gusta verte agotado. Además, tengo una reputación que mantener: anfitrión perfecto, ¿recuerdas?

Alec soltó una breve risa, bajando la cabeza.
—No creo que alguien te acuse de no serlo.

Magnus se inclinó apenas hacia él, con esa elegancia peligrosa que siempre parecía flotar entre ellos.

—Entonces estamos de acuerdo. Y si llegas a quedarte dormido aquí, prometo no hacer ningún comentario indecoroso... a menos que me lo pidas.

—Magnus... —murmuró Alec, entre fastidio y algo que no quiso nombrar.

—¿Sí? —preguntó el brujo con fingida inocencia.

Alec negó despacio.
—Nada.

Desde el living, un estallido de risa rompió el silencio.

Magnus apoyó los codos en la encimera, lo observó con suavidad y dijo:
—Cuando ellas se pierden en películas románticas y chismes, el resto del mundo deja de existir.

Alec suspiró para luego comentar

-Van tomarme el pelo por semanas

-Y eso no seria mi culpa –rio Magnus

-No dije que lo fuera

-No hizo falta cariño

-Deja de llamarme así

-No quiero

-No me importa si quieres o no.

-Eso es triste porque a mi si me importas mucho

El ojizul solo desvió la mirada mientras su rostro se sonrojaba

Durante un instante, solo existieron el vapor del té, la lluvia y la cercanía contenida entre ambos.

Durante un instante, solo existieron el vapor del té, la lluvia y la cercanía contenida entre ambos

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EDITADO: 28/10/25

Tuve que cambiar mucho de este capitulo porque se sentía muy desconectado, además de otras cositas 

Espero les guste como esta quedando ahora :D

Besitos!! ❤️❤️❤️

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